Sobreinformación, exceso de anticipación, falta de presencia y realización, ansiedad, expectativa, decepción, miedo e intento de control, en el dharma y en la vida. [Primera parte]

Por lo que podemos observar al leer los sūtras, en los tiempos del buddha Shakyamuni, quienes buscaban el dharma (la enseñanza) para aliviar su sufrimiento, se acercaban a él o a sus alumnos directamente. Hoy es común que aquellos que quieren aprender el dharma, pasen algunas horas viendo videos en YouTube, leyendo discusiones en blogs, foros, en redes sociales o comprando libros al azar, para luego con cierta cantidad de información y confusión, terminar por acercarse a algún templo buscando la guía de un maestro.
El problema ocurre cuando se generan malas interpretaciones debido a que la información que encontraron en internet es errónea, exagerada, o cargada de misticismo, entre otras cosas, para ser atractivas para el espectador, o que no son explicadas por alguien que tiene experiencia al haber practicado aquello de lo que se habla.

Hoy la labor de un maestro es un poco más demorada, ya que antes de asistir al alumno transmitiendo el dharma, el maestro necesita desmentir algunas o muchas de las publicaciones que leyó el entusiasta.
El alumno no se presenta a clase como un papel en blanco en el cual el dharma se imprimirá fácilmente; sino que ese papel no solo que está lleno de los problemas personales por los que buscó el dharma en un comienzo, sino que ahora también está lleno de confusión sobre el dharma mismo. (Esto en el afortunado caso de que el alumno no haya generado prejuicios por culpa de lecturas confusas y que aún tenga motivación por buscar el dharma).

Luego de pasar un tiempo aclarando dudas, el alumno puede llegar a sentirse sorprendido o decepcionado, al ver que el monje no emite luz, ni levita, ni vive en la punta del Himalaya. Sino que tiene una cara que no es como la imaginaba, no levita, sino que viaja en colectivo y vive en un departamento en medio del ruido. La imagen romántica y expectativa que se colocó sobre el dharma y el monje se desmorona y esto puede causarle rechazo debido a su apego y deseo por una idea que había construido en su mente.

El alumno/a, que a pesar de todo continuó y comenzó su práctica, comprendió que un monje es solo una persona igual que él y que el dharma no nos dice que somos perfectos y que todo es culpa de otro, ni nos promete milagros; sino que nos ayuda a hacernos cargo de nuestros errores y madurar por nosotros mismos.

Una vez comenzado su estudio, el practicante puede sentir curiosidad sobre el dharma por considerarlo atractivo e investigar de forma intelectual. Debido a la facilidad para encontrar material online o en librerías, se sumerge en la investigación, desde su arte, historia y filosofía, volviéndose el dharma un producto para el consumo del placer intelectual.
Ahora surge otro inconveniente para el alumno; este deja de ver al dharma como una herramienta que ayudaría a calmar su sufrimiento, y pasa a verlo como una herramienta entre tantas herramientas a ser comparadas, analizadas, juzgadas, criticadas, etc.
El alumno pierde el sabor de la experiencia al analizarla e intentar definirla; como un músico que, al escuchar una canción, escucha la afinación de la guitarra, percibe los micrófonos utilizados, recuerda el costo de los mismos y se pierde de mover los pies junto con la armonía.
Una ola de complicaciones, obstáculos y desventajas para la observación y realización de la experiencia, causada por la sobreinformación (conocimientos), que la mente desesperada busca poseer para tener todo bajo control (anticipación). Una vez más, el miedo y la inseguridad hacen que el apego y el deseo se presenten y tomen control de aquel que busca tomar el control de lo externo a través de definiciones, conceptos y demás.

Para ayudar a observar este problema frecuente, voy a dar un ejemplo que ocurre mucho en nuestros tiempos, y es el de filmar y fotografiar todo en el intento de tomar control sobre los recuerdos de los momentos vividos, como al viajar o ir a cenar a un lindo restaurante, por ejemplo, la persona quiere asegurarse de poder recordar ese momento en un futuro.
Para poder disfrutar de recordar con precisión un momento a través de una fotografía o un video, primero necesita tener la experiencia de haber vivido aquel momento. Pero si su atención no está puesta en aquel momento, solo tendrá el recuerdo de haber vivido el intento de guardar recuerdos, porque tomar una buena fotografía o hacer una buena filmación fue el evento central de aquel momento.
Tal recuerdo vívido de estar presente en la cena nunca ocurrirá, porque no fue vivido.

Algo similar ocurre con el dharma, si nos entretenemos con el dharma, lo leemos, debatimos, lo juzgamos, lo comparamos, etc. pero no lo practicamos, seremos espectadores del dharma y no practicantes, por lo que no obtendremos sabiduría, tan solo meros conocimientos mundanos que lucen como espiritualidad.

Cuando buscamos practicar el dharma para aliviar nuestro sufrimiento y alcanzar el despertar, no necesitamos consumir todos los textos, videos, ni recurrir a todos los eventos budistas posibles, tampoco conocer todos los problemas que afronto el buddha o sus oyentes, aunque nos sirvan de inspiración, ¿Cuánta más inspiración es necesaria para actuar?; Lo que necesitamos es volver la mirada hacia adentro, parar un momento para mirar nuestros pies al caminar, así con atención plena, detectar nuestros errores, nuestros malos hábitos y luego poner en práctica aquella enseñanza que es necesaria para uno en ese momento, y así caminar adecuadamente.
Puede que esa práctica necesaria sea por ejemplo: ser una persona más generosa, compasiva, ecuánime, benevolente, o aquello que a uno más le cueste y necesite desarrollar.. Si usted practica de ese modo, finalmente podría comprender todo el dharma comenzando por ese punto, porque cada uno alcanza su propio despertar liberándose de sus propios obstáculos, no de los ajenos.
Si usted detecta un mal hábito a ser corregido en usted mismo, esa es su puerta del dharma en este momento, practique lo contrario a ese mal hábito.
Las llamadas “Puertas del Dharma” o enseñanzas, no están hechas para entrar por todas al mismo tiempo (evite el coleccionismo del dharma), cada puerta tiene la forma adecuada para cada persona y cada ocasión. En este punto si usted no tiene la capacidad de encontrar esa puerta por usted mismo, es importante buscar un maestro que pueda ayudarle en su trabajo de encontrarla, generalmente no será la puerta más agradable, será la necesaria.

Si usted tiene una mente llena de ansiedad y expectativas sobre los demás y aprecia al dharma, debería saber que si el buddha Shakyamuni estaría enseñándole en este momento, usted se decepcionaría al conocerle, ya que la realidad siempre es distinta a las expectativas que uno coloca; y porque él seguramente respondería con algunas de sus formas tan conocidas: No responder a preguntas irrelevantes; recordarle que para sobrevivir es más importante retirar la flecha envenenada del cuerpo, que saber de qué madera está hecha o quien la lanzo; probablemente él le señalaría su error al cual esta apegado para que comience a trabajar en ello, lo que no suele ser agradable ni esperado, y quizás usted no sería capaz de reconocer un buddha o un bodhisattva debido a sus propios prejuicios y la falta de presencia.

Mi humilde consejo es, si usted es un practicante nuevo: deje a un lado un poco la investigación exhaustiva del dharma y póngase a practicarlo prestando atención a su propio andar, conozca sus virtudes y sus defectos, acéptelos y esfuércese para madurar.
Si usted es un practicante viejo: deje a un lado la investigación exhaustiva del dharma y póngase a practicarlo prestando atención a su propio andar, conozca sus virtudes y sus defectos, acéptelos y esfuércese para madurar.

La enseñanza del buddha es bastante más simple, y no por eso menos bella de lo que se cree.
Hacer buenas acciones, no hacer malas acciones, aceptar con comprensión, agradecer, disminuir la rumiación mental con atención plena, compasión y benevolencia de forma ecuánime (imparcial), observar la impermanencia e igualdad debido a la originación dependiente…

Abrace a la experiencia de cada momento, disfrute de la simpleza.
Ni el dharma ni la vida son una carrera al éxito.
El dharma es un camino donde no hay retrocesos; puede que apenas se haya detenido un poco por distracción o algunos inconvenientes, pero cuando uno regresa al camino, nunca comienza desde cero.
Apenas siga caminando con atención plena y la intención correcta.

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