La Ética del Renacer

         Muchas veces, como practicantes de budismo, nos han hecho una pregunta más o menos en este sentido: Ah, practicantes budistas ¿ustedes creen en la reencarnación no?.

         La respuesta rápida y simple a ella sería “sí pero no, no pero sí”, lo cual dejaría a nuestro interlocutor cuanto menos sorprendido, ni que decir de su confusión; no obstante, ella no dejaría de ser válida pues no hay una respuesta absoluta en sentido afirmativo o negativo, mas merece algunas precisiones para evitar su desconcierto, y ese es el motivo de las siguientes reflexiones.

         En primer lugar, el término reencarnación debería ser descartado en el sentido de que implica, o lleva inherente, la concepción de la existencia de una sustancia (un Yo) que va encarnando en distintos cuerpos a lo largo del tiempo; sin embargo, el Buddha enseñaba que todos los fenómenos -seres sintientes incluidos- están vacíos de sustancia propia por lo que, “ningún fenómeno pasa de este mundo a otro mundo, y sin embargo la muerte y el nacimiento se manifiestan. Oh, gran rey, se llama muerte a la desaparición de la última conciencia; se llama nacimiento al surgimiento de la primera conciencia. Oh gran rey, en el momento de su desaparición la última conciencia no pasa a ningún lugar; en el momento de su surgimiento la primera conciencia que forma parte del nacimiento tampoco viene de ningún lugar. Si se pregunta ¿por qué?, en razón de la carencia de ser propio” (Āryabhavasaṃkrāntināmamahāyānasūtra, El Noble Sūtra del Mahāyāna denominado La Transmigración de la Existencia).

         Ocurre que la conciencia no es más que uno de los cinco agregados del apego (skandhas), que junto a los otros cuatro (materia o forma, sensación, percepción y volición), forman ese cúmulo que denominamos individualidad, pero ésta no se encuentra ni en todos ellos juntos ni en cada uno por separado, ni en alguno en particular; simplemente, debido a las correspondientes causas y condiciones, se reúnen y permanecen -más o menos- durante el lapso temporal al cual llamamos “la vida de alguien” desde nuestra perspectiva ordinaria pero, nuevamente, no pasa de ser una construcción a partir de un conjunto de agregados presentes a un mismo tiempo y en un mismo lugar.

         Por eso, e incluso a sabiendas de que puede faltar a la exactitud, tal vez se acerque más y sea mejor hablar de renacimiento, en el sentido de que en la “nueva vida” hay agregados de la anterior que se repiten, pero no hay un ser que vuelva a aparecer, sólo alguno de aquellos reunidos con otros nuevos, ante nuevas causas y condiciones que se dan en el nuevo nacimiento. La semilla no pasa al brote, ni éste al árbol; sin embargo, de acuerdo a cómo sea aquélla, así será éste y su fruto.

         De acuerdo a los eslabones de la cadena del surgimiento condicionado, “dado esto, ocurre aquello”: teniendo como condición la ignorancia, surgen los formaciones volitivas; presentes estas como condición, surge la conciencia; presente ésta como condición, surge el nombre y forma (individualidad/ organismo psicofísico); de éstos, las seis bases sensoriales; éstas dan lugar al contacto; que da lugar a la sensación; que da lugar al deseo; que da lugar al apego; que da lugar al devenir; éste da lugar al nacimiento y éste a la vejez y muerte (véase Samyutta Nikaya 12,1). Esta es la forma en que desde los tiempos sin principio gira la rueda del samsara.

         En segundo término, el Buddha no enseñaba a creer, sino a comprender mediante la experiencia directa, de las creencias sin someterlas al escrutinio de nuestro raciocinio decía que era como una fila de ciegos que van de la mano, el primero no ve, el del medio no ve, el último tampoco ve (Majjhima Nikaya, 95). Por lo tanto, lo que sí podemos afirmar en el momento actual del cultivo de nuestra práctica, al haberlo comprendido por nosotros mismos, es que la enseñanza sobre el ciclo de renacimientos es una expresión simbólica de los diferentes estados de nuestra mente en diferentes momentos de nuestra vida e, incluso, a cada instante; en tal sentido, mientras no nos liberemos de esa rueda, renacemos constantemente: como asuras (titanes, antidioses, demonios) cuando, por ejemplo, nos enojamos y nos volvemos iracundos; como animales, al actuar sumidos en la ignorancia; como espíritus hambrientos (pretas), cuando somos dominados por una avidez insaciable; como seres infernales, cuando el dolor y el sufrimiento no nos permiten ver más allá; como dioses, cuando actuamos con orgullo, creyendo que somos imparables, que no moriremos, que podemos postergar las cosas por eso. Estos son sólo arquetipos de un estado y, por lo tanto, tampoco se presentan de manera pura o absoluta: cada uno contiene a los demás y se presentan en mayor o menor medida entremezclados, simplemente hablamos de un renacimiento en tal o cual reino de acuerdo al que resulte dominante.

         Por último, hay algo más e indudablemente es el aspecto al que le podamos sacar más provecho en nuestra vida cotidiana, cualquiera sea la posición que se adopte sobre el tema: el ético. Tanto simbólica como literalmente, la enseñanza sobre el renacimiento es moral en el sentido de que nuestra conducta actual va a ser la que condicionará nuestro renacimiento (mañana en esta vida, o luego de la muerte en la próxima), serán afortunados si nos dedicamos a la práctica de las virtudes (generosidad, compasión, amabilidad, diligencia, paciencia, altruismo, etc.) y desafortunados cuando nuestra conducta de palabra, cuerpo o pensamiento está guiada por la no virtud (codicia, aversión e ignorancia, como aquellas que dan lugar a cualquier otra que se piense, los llamados 3 venenos).

         Por otro lado, ya sea crea o que uno sepa, si hemos de volver constantemente a esta tierra, por fuerza nuestra conducta tiene que dirigirse a la virtud en el sentido de aspirar y aplicarnos a un mundo mejor, cuidar de los seres, del medio ambiente, buscar la paz, etc. pues es nuestro único hogar y, así como nadie quiere irse de viaje y al volver encontrar su casa en ruinas, incendiada, vacía, nadie querría renacer en un mundo así.

         Entonces, como mínimo podemos considerarlo como un postulado ético cuya adopción es uno de los tantos medios hábiles que el Buddha despliega en su compasión para la liberación de los seres, en el caso, para perfeccionar el entrenamiento de la conducta (que junto al de la meditación y de la sabiduría, son los tres entrenamientos de la práctica budista) toda vez que va a crear las condiciones para alcanzar estados favorables en esta vida y que cada mañana al levantarnos (renacer) estemos en un mundo más feliz. De la siguiente vida, por ahora no podemos hacer otra cosa que plantar las semillas, como sean éstas serán los frutos.

Monje Junzō

Feliz día del Trabajador

Esta será una entrada muy breve, en primer lugar, desearle un feliz día a todos los trabajadores, y en segundo lugar traer una reflexión,
Trabajamos muchas horas por día, vamos a decir que entre 6 y 9, y de 5 a 6 días por semana. Nosotros somos quienes deciden como pasar estas aproximadamente 50 horas semanales de nuestra vida, y el momento de trabajar es una preciosa oportunidad de practicar el dharma! Cuando alguien se acerca a nosotros por lo que ofrecemos, ya sea productos o servicios, es alguien que necesita exactamente de nosotros, que mejor momento para ofrecer asistencia? Si esto se tiene en mente, cada momento es ideal para la práctica del dharma. Cuando entregamos un servicio con respeto, amabilidad, voluntad, y hasta con compasión en muchos casos, como por ejemplo con los servicios médicos, no solo entregamos felicidad al otro, sino que eso nos traerá beneficio, porque a todos les gusta ser bien tratado y eso siempre se premia con agradecimiento.
Cuando las personas mantienen el valor del trabajo de este modo, se enriquece su espacio (no solo de dinero) sino de un buen ambiente laboral, si esto crece al contagiar a otros, se enriquece la cultura de un barrio, una ciudad, una provincia y hasta un país.
El trabajo es un gran espacio para practicar el dharma y para uno ser el cambio que quiere en el mundo, por que en algún lugar debe comenzar la amabilidad, el respeto, el buen trato, y la voluntad de ayudar al otro.
Personalmente como monje y trabajador (artista), considero mi trabajo como un tesoro, porque me da la oportunidad de practicar el dharma, y también me da el dinero para poder sustentar mi vida, mi práctica, este sitio web, el templo, e incluso material de estudio para mis alumnos entre otras cosas.
En este día del trabajador, recordemos trabajar con amor y el dharma en mente.
Que los méritos acumulados de sus buenas acciones traigan beneficios a todos los seres.
Feliz día del trabajador!

Monje Asho

Como No Perder el Tiempo Meditando

Cuando pensamos en meditación, a veces nos viene la idea de que es algo naturalmente positivo, o una idea de paz o realización. ¿Pero cómo sabemos que la meditación que estamos haciendo es realmente positiva o traerá resultados?.
Todo está en nuestra intención, la motivación por la cual meditamos; si nuestra motivación es causar daño a alguien y meditamos en cómo hacerlo, claramente nadie obtendrá nada bueno de esto. Pero si meditamos en la benevolencia, en la compasión, etc. Obtendremos algo bueno.
La motivación por detrás de la meditación es el Dharma, por lo que es importante observar nuestra motivación en la práctica; así como también es importante estudiar las enseñanzas del buddha para saber si lo estamos haciendo correctamente, y cuidar de la conducta para no dirigirnos en sentido contrario de lo que buscamos y para tener una mente más disciplinada.
Luego después de tener la intención correcta para meditar, debemos ser conscientes de nuestro objetivo; si buscamos la paz, la liberación, o diferentes virtudes, es importante que las tengamos en mente, incluso si estas lucen como una utopía, porque son las que determinaran que nuestra practica tenga una dirección clara.

¿Cuál es el beneficio de tener disciplina para conseguir algo, si no sabemos lo que estamos buscando? A veces deseos como lograr la paz del mundo que parecen ser una misión imposible e inalcanzable para algunos, es ni más ni menos que el motor de vida y el sentido de vivir de una persona, mientras que otra que vive en el rechazo de cualquier búsqueda, quizás divague en un vacío existencial, lleno de lógica y conceptualización pero carente de sentir, de realización.
He escuchado en el pasado varios practicantes interpretar que deberían buscar reprimir cualquier sentimiento, observando el “sufrimiento” como algo negativo y la “felicidad” como algo negativo también. Primero que nada, si el objetivo sería vivir como una piedra, entonces porque hablamos de dicha, agradecimiento, regocijo, etc? Caer en la negación y en el rechazo (de los fenómenos) por miedo al sufrimiento, es otro apego, el cual podemos llamar “apego por lo desagradable”, ya que es común que este tipo de personas busquen constantemente lo que parece desagradable al común de las personas y le otorgan valor positivo, generando apego por ello.
Lejos de rechazar o negar prácticas acéticas, mi intención es advertir esta situación para no generar nuevos apegos en una interpretación desafortunada del dharma.
Los fenómenos “tal cual son” deberían ser experimentados por nosotros en su totalidad, sin discriminación alguna, y así encontrar belleza y dicha, ya sea en ver una escultura de oro, o de barro.
Cuando la intención y el objetivo son claros, luego la Atención plena cumple una función importante, esta nos trae al presente y nos permite ahondar en la práctica, por lo tanto el entrenamiento de la atención plena es esencial para alcanzar lo que busquemos, con una mente dispersa viajando al pasado y al futuro, será muy difícil ser conscientes.
Todo esto no es una tarea fácil, nos demanda tiempo y paciencia, pero sobre todo Diligencia. El buddha Śakyamuni utilizaba para advertirnos de esto la metáfora que dice que si intentamos prender fuego por fricción y paramos a descansar a cada momento, este no se encenderá; del mismo modo ocurre con la meditación, si no practicamos con diligencia, si no tenemos esa disciplina, difícilmente conseguiremos lo que buscamos.
Ahora me gustaría hablar de otro punto importante que es, escuchar a la propia mente y no exagerar con la práctica. Atormentarse no es el camino para la liberación, por lo que echarse culpas constantemente sobre exigiéndose, no traerá mas que otro sufrimiento, debemos observar nuestra capacidad, buscar dar un paso más, pero no cargar con más de lo que podemos.
Para finalizar, me gustaría hablar de algo que también considero importante, celebrar los progresos. Por más pequeños que sean, si los observamos y los reconocemos, esto se volverá una fuente de motivación para continuar practicando, así también nos sentiremos agradecidos y la felicidad vendrá con ello.
Nada más precioso que poder descubrir esos pequeños logros y compartirlos con los demás.

Que le parece entonces si buscamos todos juntos la paz, unión y amor en el mundo?
recuerde siempre, su motivación en la vida, será la forma en que se rige su vida.

Monje Asho

La Mente Ecuánime

En unos de los sutras agrupados en la colección de sermones medios del canon pali (Majjhima Nikāya), Vāsețțha Sūtta (MN, 98), dos jóvenes brahmines discutían sobre cuándo alguien era un verdadero brahmin (relativo a la casta de los brahmanes, considerada la más alta en la India de Buddha), si por puro linaje de ambos padres, por nacimiento, o si por seguir los preceptos morales y obligaciones religiosas, o sea por las acciones. Como entre ellos no se pusieron de acuerdo, le plantearon la cuestión al Buddha, quien para responder que, en definitiva, sólo se puede llamar así aquellos que ajustan su conducta al dharma, comienza explicando la igualdad entre los seres humanos de una manera tan gráfica que vale transcribirla completamente.

Dijo el Tathāgata: “os explicaré poco a poco las cosas, las clases de seres vivientes y su forma de nacer. Primero están las hierbas y los árboles carentes de conciencia, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer. Luego están los insectos, los que vuelan y los que andan, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer. Luego están los cuadrúpedos, pequeños y grandes, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer. Luego están los gusanos, los reptiles y las serpientes, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer. Luego están los peces y demás animales que viven en el agua, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer. Luego los pájaros y demás seres que baten sus alas en el aire, que se diferencian por las características de la especie y su forma de nacer.

En cambio, todas estas diferencias por características de la especie y por la forma de nacer no se dan entre los seres humanos, ni en lo que respecta al pelo, cabeza, oído, ojos, boca, nariz, labios, cejas, cuello, hombros, vientre, espalda, nalgas, pecho, ano, genitales, manos, pies, dedos, uñas, rodillas, muslos, color, voz, en nada se dan las diferencias de especie y forma de nacer que se dan entre otras clases de seres. Nada en los cuerpos hace diferentes a los seres humanos, la diferencia entre humanos es una denominación convencional”.
A partir de aquí, ilustra esto último con ejemplos del estilo, si alguien se gana la vida cuidando ganado, se lo llama ganadero, no brahmín.

En el mundo actual (al menos en occidente), esta verdad se traduce en el postulado jurídico de la igualdad ante la ley, esto es, nadie puede ser tratado de forma diferente por razones de raza, sexo, orientación sexual, edad, nacionalidad y un largo etcétera, conocido por cualquier persona de cultura media en tanto forma parte de diversas declaraciones internacionales de derechos humanos y constituciones nacionales y estaduales; incluso, si saliéramos a la calle y lo preguntáramos al azar, probablemente la mayoría de los consultados estaría de acuerdo con ello.

Sin embargo, aun considerando esto como o una obviedad, debiéramos examinarnos con sinceridad para verificar si, fuera de la consideración en abstracto, es algo que tenemos incorporado al actuar en nuestra vida cotidiana ya sea con acciones del cuerpo, la palabra o el pensamiento; esto es así porque si queremos un mundo sin codicia, sin odio, sin violencia, deberíamos tener un compromiso serio para que no sea únicamente un principio legal, sino una verdadero postulado espiritual que se vuelve tanto más urgente ante la evidencia global de una proliferación de discursos de intolerancia. Cantaba Bob Marley, quien no era practicante de budismo, que «Hasta que una filosofía que sostenga la superioridad de una raza y la inferioridad de otra sea final y permanentemente descreditada va a haber guerra, mientras el color de la piel no tenga más relevancia que el de los ojos… etc. va a haber guerra».

¿Y cómo es que la igualdad se transforma en una realidad viva? Mediante el cultivo de una mente ecuánime. Aquélla es el sustrato donde ésta madura y a través suyo se hace hechos, palabras, acciones, deviene en una realidad palpable, un verdadero fruto de la idea; si así no fuera, la igualdad desde el punto de vista espiritual quedaría en un mero postulado metafísico.

Puede hablarse de dos sentidos, aunque claramente ligados y complementarios, de una mente ecuánime: de un lado, aquella propia de los logros meditativos profundos, donde la mente mora en calma, equilibrada, con constancia de ánimo, lúcida observando los fenómenos de la misma forma que un espejo refleja los objetos; puede decirse que este aspecto está ligado más a la sabiduría.

Del otro, la que nos importa destacar especialmente en esta oportunidad, se encuentra asociada a la compasión y es una verdadera objetividad de juicio, una imparcialidad que no se ve afectada siquiera por el propio ego, la idea de yo o mío, la conducta que asimila como premisa (y la hace espontánea) que no hay diferencia inherente sino que es meramente accidental de acuerdo a las diferentes causas y condiciones: así se elimina el orgullo, porque nuestras virtudes pueden ser las de otros y los defectos ajenos pueden ser los propios y es por esto que el Buddha enseñaba (Satipatthāna Sutta, Digha Nikāya, 22) a aplicar la atención al cuerpo, sensaciones, mente y fenómenos tanto interna (hacia uno mismo) como externamente (en los otros); se genera empatía, porque la situación en que alguien se encuentra hoy, puede ser la nuestra mañana y viceversa; se evitan juicios apresurados, porque, como decía Jesús, con la vara que uno juzga es con la que seremos juzgados, así que mejor no juzgar; y, en general, todos los estados mentales y acciones consecuentes que implican un abandono del egoísmo, como la solidaridad, alegría, etc.

¿Si el sustrato es la igualdad, cuál es su abono? La paciencia. Cuando, en el Samdhinirmocana Sūtra, Avalokiteśvara (arquetipo de la compasión) le pregunta al Buddha sobre cuántos tipos hay de cada una de las paramitas (perfecciones trascendentales), éste responde que tres, en el caso de la paciencia, aquella para soportar el sufrimiento, para tolerar la injuria y, tercero, aquella para ver con sinceridad todas las realidades. Esta última es la herramienta para cultivar la mente ecuánime, ya que es la capacidad para, en cada situación, adoptar todos los puntos de vista posibles en lugar de valorar la situación desde el propio y ello con honestidad incluso para uno mismo, en el sentido de no ser engañado por el propio ego.
La práctica constante de este tipo especial de paciencia, en cada una de nuestras acciones, es lo que permitirá que la igualdad aflore como realidad vida en la conducta y abandone la simple morada de las buenas intenciones.

Monje Junzō

Las Últimas palabras del Buddha

            El pasado 15 de febrero se ha conmemorado un nuevo aniversario del parinirvana de nuestro Gran Maestro, el Buddha Śakyamuni, por lo que resulta inevitable no sólo no evocar su figura y enseñanzas en general sino, en particular, aquellas brindadas en sus días finales; de hecho, como practicantes del Shingon, parte de nuestra práctica especial para esa fecha es la lectura y recitación del Sūtra de las Enseñanzas Legadas por el Buddha, su último discurso. Pero no es éste el motivo de estas reflexiones sino sus palabras -literalmente- finales, de acuerdo a como se recogen en el Mahāparinibbānasutta (el Gran Sutra de la Completa Extinción), texto contenido en la Colección de Discursos Largos, el Digha Nikaya (II,16) del Canon Pali, el cual, a diferencia de los sutras a los que estamos habituados, no es en un discurso dado por el Buddha o alguno de sus principales discípulos, sino una crónica, un registro de sus últimos días, su entrada en el parinirvana, los ritos fúnebres y la partición de sus reliquias.

            Fue tal su sabiduría que, en la mera apariencia de un simple mensaje de despedida y ánimo a quienes lo rodeaban, condensó aspectos fundamentales de su enseñanza.

            “Escuchad, bhikkhus, me dirijo ahora a vosotros: las cosas condicionadas están destinadas a desintegrarse. Practicad con diligencia”. Esto es lo último que dijo y, a partir de ahí, fue haciendo su ingreso progresivo en estados meditativos cada vez más profundos hasta su extinción.

            Como primera medida, globalmente, se destaca la humanidad de Śakyamuni; él fue nada más, ni nada menos, que un hombre cuya compasión lo llevó a buscar la manera de erradicar el sufrimiento, y la encontró a través de su propia experiencia y esfuerzo…y la encontró como un caminante encuentra una ciudad perdida la cual siempre estuvo ahí. Es en base a esa experiencia que desarrolla su enseñanza, por lo que ella es repetible por cualquiera que siga su consejo hasta el final: o sea, ni él tiene una naturaleza diferente al resto de la humanidad, ni ésta es un fin en sí mismo, no es un dogma, sino la herramienta para la liberación. No ordenó ser adorado, venerado, ni siquiera reconocido, y puntualizó que lo central no era su persona sino lo que había enseñado, al punto que en los días previos les dijo el “Dhammavinaya que yo he enseñado y promulgado, Ānanda, será vuestro maestro cuando yo me haya ido”.

            Ahora bien, ya en lo particular, primero recordó la verdadera naturaleza de la realidad: ella es insatisfactoria (sufrimiento) porque todos los fenómenos son insustanciales, vacíos de existencia inherente, en tanto surgen en dependencia con sus causas y condiciones y, correlativamente, se extinguen cuando faltan, es decir, son impermanentes. Además, como todas esas casusas y condiciones tienen las suyas propias y así sucesivamente, tanto el mundo que nos rodea como las personas existimos en interrelación, interconectados como nudos en una red universal que carece de centro y periferia.

            Como segundo aspecto se resalta lo que es más importante: “practiquen con diligencia”. No se trata de tomar como una verdad revelada por él esta visión sobre la naturaleza de la realidad, sino de comprobarla por uno mismo, experimentarla y realizarla; por eso dice, practiquen y no “crean”, “veneren”, “adoren”, “obedezcan”, etc., ya que será la práctica la que conducirá a esa realización sin otra consecuencia, en caso contrario, de continuar arrastrados por las corrientes en el mar del sufrimiento que es el ciclo de vidas y muertes (samsara). ¿Por qué es lo más importante?, porque un verdadero seguidor de Buddha no es quien conoce intelectualmente su doctrina, sino quien se esfuerza constantemente en hacerlas realidad haciendo lo que ha de ser hecho; de la misma forma que no es un cocinero quien estudia libros de cocina, sino aquél que ensucia sus manos con harina.

            Ahora bien, ¿practicar qué? Si bien podría responderse de múltiples formas a esta pregunta, no hay palabras más simples que las del mismo Buddha Śakyamuni: “el no hacer ningún mal, la realización del bien, la purificación de la propia mente…” (Dhammapada, v. 183). Esto es: por un lado, el entrenamiento de la conducta (acciones del cuerpo, palabra o mente) pero que no se limita a la abstención de los actos perjudiciales, también comprende el cultivo de actos beneficiosos; y del otro, el entrenamiento en la meditación. 

            ¿Y cómo se lleva adelante práctica? Con diligencia, con esfuerzo. Si en el vehículo de los budas la fe es el motor, el esfuerzo es el combustible que lo moviliza. El Buddha sabía por su propia experiencia que el sendero no es fácil y que el celo que ha de aplicarse es como el de quien quiere prender un fuego frotando dos varas de madera, si se detiene para descansar a cada rato la llama nunca aparecerá. Pero nosotros tenemos una ventaja, sólo debemos caminar el camino, él primero tuvo que descubrirlo y luego recorrerlo. Así que aprovechemos la oportunidad.

            Es uno mismo quien debe realizar el esfuerzo porque la salvación no viene dada de afuera, el maestro solo muestra la senda, pero hemos de ser nosotros quienes movamos los pies sorteando cada obstáculo con los estandartes del dharma y la disciplina (vinaya), tal y como Śakyamuni dijo que hagamos tras su muerte.

            Por eso, no hay otra cosa que hacer: practiquemos con diligencia.

Monje Junzō

La Felicidad como Atributo de Nuestra Mente

Todos somos aspectos de una misma realidad única, solitaria e indivisible pero, de acuerdo a las conceptualizaciones guardadas mentalmente, uno superpone sobre aquella distintas características que dan lugar a los diferentes fenómenos individuales.  Para usar un ejemplo: si esta realidad fuera un océano, los fenómenos serían sus olas (incluidos nosotros, los seres sintientes y el mundo llamado convencionalmente “objetivo”); aun cuando puedan aparecer con diferentes aspectos, en el fondo no son más que la misma agua salada.
Parte de la práctica budista consiste, precisamente, en romper con ese hábito inmemorial, innato puede decirse ya que venimos arrastrándolo a lo largo de nuestras vidas, y que determina nuestra percepción del mundo, impidiendo así ver las cosas tal cual son; por lo tanto, muchas de las diversas enseñanzas del Buddha, apuntan al cultivo, mediante la experiencia (en el propio cuerpo y no como conocimiento intelectual) de esa igualdad intrínseca, en lugar de focalizarse en las distinciones la cuales no son sino una proliferación de creaciones ilusorias; a aprender a tener una “visión no discriminativa de la diversidad” como decía Asanga, el fundador de la escuela Yogacara.
En definitiva, ese océano es el verdadero aspecto de la realidad toda, por lo cual también lo es de nuestra propia mente que, estimulada por el viento de la objetividad, genera las olas de la discriminación conceptual a las que se apega asignándole una identidad independiente y aislada del resto. Al serenar tales estímulos (aquietar las olas), sólo quedará ese océano tranquilo como un espejo de agua, uniforme, limpio, puro: su mente original rescatada del maremoto de los fenómenos.
Este principio de igualdad primordial, que no aumenta (cuando una ola se eleva, el océano no crece) ni disminuye (cuando la ola rompe se mantiene en él, por lo que no decrece), es la naturaleza de Buddha presente en todos, nuestro despertar original que, como una semilla, si se cuida y cultiva, finalmente florecerá y dará fruto.
Ordinariamente, ella nos permanece oculta por aquella proliferación o superposición conceptual señalada arriba; esto es, a causa de nuestra percepción de los fenómenos que no es más que una ilusión de nuestra conciencia, tal y como un mago crearía su truco (salvando la diferencia de que el mago está en conocimiento de esta circunstancia).
Con esto se quiere resaltar que se percibe el mundo alrededor de acuerdo a la propia mente, es decir, condicionado por diversos hábitos, predisposiciones o tendencias que permanecen latentes, depositadas en nuestra conciencia como consecuencia de nuestras experiencias pasadas (karma), las cuales se actualizan y manifiestan frente a las condiciones adecuadas para ello (por ejemplo, la semilla de la ira brota frente a lo que se percibe como una agresión).
Así, modificando tales hábitos y tendencias, uno tiene la capacidad de “modificar el mundo” en tanto y en cuanto cambia la percepción, nuestra visión de él, y, por lo tanto, nuestra experiencia: en el ejemplo dado, en lugar de ver una conducta agresiva de un otro a uno mismo (de un yo ilusorio a un yo ilusorio), como una agresión personal, entender tal conducta como la mera manifestación del sufrimiento e ignorancia de quien la realiza dando paso, en lugar de a la ira y enojo, a la benevolencia y compasión.
Es en estos cambios mentales donde radica nuestro potencial para la felicidad, en uno mismo, y no en cosas externas que, en el mejor de los casos, pueden brindar placer pero dada su naturaleza impermanente, este será efímero y causal de nuevo sufrimiento.
En última instancia, aceptar el mundo tal cual es y no como queremos que sea, permitirá ese estado de paz interior que puede llamarse felicidad, en tanto es completamente independiente de la dualidad placer y displacer o preferencia y rechazo.
Por lo tanto, ella es un atributo presente en nosotros, dependerá de cada uno hacerlo madurar. Ahora bien, para que ella madure se deben plantar las semillas adecuadas, pues un limón no crece de una semilla de manzano; como se dijo arriba, si nuestra percepción está condicionada por las tendencias latentes que se acumulan en nuestra mente, tal y como un campo se siembra con semillas, habrá que cuidar la calidad de éstas mediante la constante vigilancia de una conducta correcta del cuerpo, habla y pensamiento, como condición de la misma.

Monje Junzō

Tomar Conciencia sobre nuestra Vestimenta

El vestir es una herramienta que acompaña al ser humano desde tiempos pretéritos. Nació probablemente por la necesidad de cubrir el cuerpo con ropajes para evitar el frio o protegerse del sol, luego diversificó con los estilos, necesidades, materiales y técnicas de cada cultura. Sin embargo, la evolución del vestir a través de los siglos se ha direccionado cada vez menos a cubrir una necesidad y se ha desviado mucho más a intentar representar quienes somos, casi como una segunda piel.

Los estudios dicen que entre el año 2000 y 2014 la producción de ropa se duplico y los consumidores empezaron a consumir un 60% más de prendas y usarlas solo la mitad del tiempo que periodos anteriores. Un ejemplo de esto son tendencias modernas como el llamado FastFashion o moda rápida. Básicamente es la producción en masa de millones de prendas de baja calidad para ser usadas por poco tiempo y desechadas con rapidez atendiendo los caprichos de la moda constantemente fluctuante. Esta tendencia está produciendo desastres ecológicos como el del Desierto de Atacama en Chile, donde cerca de 60.000 toneladas de ropa han sido desechadas sin ningún tipo de control ni escrúpulo, ropa que tardaría más de 200 años en degradarse y que aún entonces dada su composición en base a materiales sintéticos produciría una gran masa de microplástico contaminante. Este tipo de industria también ha precarizado la condición de miles de personas que trabajan hasta la extenuación en fábricas funcionando al límite de lo legal, muchas veces por una compensación realmente muy baja.

Nuestra relación con la ropa.
En este, como en otros temas, el problema no radica en el objeto en sí, en este caso la ropa, sino más bien en la relación que tenemos con el objeto. Nada hay de malo en el uso de ropa, en preferir uno u otro tipo de vestimenta o en buscar una de mejor calidad. El problema comienza cuando le atribuimos a la ropa algo que no forma parte de sus características y que por lo tanto no nos pueda dar. La ropa por sí misma no puede darnos seguridad, felicidad, belleza, la ropa no puede por sí misma transformarnos en alguien distinto, “el habito no hace al monje” y más importante aún, la vestimenta, como todo fenómeno, existe en co-dependencia de otras condiciones, por ejemplo un smoking de tela fina y buena marca puede ser elegante y adecuado en una fiesta formal y podríamos pensar que por sí mismo hace de nosotros personas elegantes y distinguidas, pero este mismo atuendo seria incomodo y ridículo en medio del amazonas.

Un buen habito es preguntarnos a nosotros mismos si realmente necesitamos aquello que por alguna razón ansiamos tener. La avidez por poseer objetos o experiencias materiales es un impulso expansivo, cuanto más experimentamos el objeto de nuestro deseo menor es la satisfacción que este nos brinda, mayor es la avidez que nos provoca y por lo tanto mayor también es la cantidad que necesitamos.

La moda difunde como discurso la promesa de hacernos personas únicas y felices, de representar “quien realmente somos” pero la profunda realidad de quienes somos está cubierta de capas superpuestas, siendo nuestra apariencia una capa más. Cuanto menos nos identificamos con cada capa más cercanos estamos a nuestra naturaleza verdadera.

Se suele pensar que una buena actitud es no darle valor a las cosas materiales, pero un pensamiento más correcto sería “darle su justo valor a cada cosa”. Una buena forma de practicar esto es darse el tiempo de escoger que tipo de ropa necesitamos y en qué cantidad, reparar lo que aún puede ser usado, reciclar las que no pueden ser reparadas y así darles una nueva vida útil. De esta forma podremos relacionarnos con el vestir de una forma más consciente.

Monje Rinsei

Cocina Shojin Ryori (Vegana Budista)

Desde hace tiempo quería hacer algo que inspirara a las personas a considerar el veganismo o, al menos, la reducción del consumo de productos de origen animal. También me gusta mucho cocinar y sé que un gran desafío para muchos es pensar qué comidas veganas preparar. Por eso decidí crear una página web dedicada a la cocina Shōjin ryōri, es decir, la cocina vegana de los templos budistas de Japón, con información y recetas basadas en sus principios. En este tipo de cocina el practicante pone especial atención en su conducta a la hora de cocinar y también de comer, considerando todas las etapas del proceso y los seres involucrados en lo que consume, buscando avanzar en el camino hacia el despertar. El respeto por la naturaleza y por todos los seres sintientes presente en la filosofía de la cocina Shōjin ryōri refleja el compromiso y los votos que hacemos como practicantes del Budismo. 

Para hacer la página investigué en diversas fuentes sobre la cocina Shōjin ryōri (páginas web y libros) con el objetivo de recopilar la información disponible, que está principalmente en japonés e inglés. También de varios videos disponibles en Youtube sobre este tipo de cocina y sus recetas en los templos de Japón y Corea que, inspirada por los mismos principios, ha ganado mucha popularidad en los últimos años. Algunas de las recetas que comparto en la página provienen del libro The Enlightened Kitchen de Mari Fujii, una experta en cocina Shōjin ryōri. También incluí otras recetas japonesas, de templos coreanos y del Tibet. Mi objetivo es crear una base de datos que continúe ampliándose. Lo más importante es que las recetas respeten los principios de la cocina Shōjin ryōri, independientemente de su origen. 

Una de mis principales referencias para comprender y escribir sobre el respeto por todos los seres sintientes en la cocina Shōjin ryōri fue el libro Enseñanzas Budistas en torno al Vegetarianismo, del monje budista tibetano Gueshe Thubten Soepa. En esta obra, el autor aborda las principales enseñanzas dejadas por el Buddha Shakyamuni sobre la no-violencia, resaltando la contradicción entre buscar practicar y cultivar la compasión y, al mismo tiempo, ignorar el daño causado a los seres sintientes mediante el consumo de cualquier tipo de carne y otros productos de origen animal. 

Gueshe Thubten Soepa destaca en su libro diversas enseñanzas de los Sutras sobre la importancia de no matar animales ni consumir su carne o piel, citando textos como el Sutra sobre la aplicación de la atención mental, el Sutra de las diez ruedas de Kisitigarba, el Lankavatara Sutra, el Sutra Angulimala, el Sutra Karmavibanga, el Sutra del Vinaya de los fundamentos de la medicina y el Dhammapada. Recomiendo a quienes tengan interés en profundizar sobre estas enseñanzas leer estos Sutras y el libro de Gueshe Thubten Soepa, donde él analiza tanto las citas de esos textos como pensamientos de sabios y practicantes budistas, como Milarepa, al reflexionar sobre la compasión, la no violencia y el vegetarianismo.

Me gustaría compartir el siguiente pasaje del Sutra de Angulimala:

“El Buddha dijo: Angulimala, en incontables vidas, por respeto a millones de seres he abandonado el pescado, la carne, la manteca…., de hecho cualquier alimento que esté relacionado con el acto de haber matado o haber hecho que otros lo hagan. Debido a eso, mi cuerpo se ha convertido en el cuerpo de un buddha, con excelentes características y marcas especiales. Angulimala, en incontables vidas he sido la causa para que millones de seres, devas y humanos, purifiquen sus millones de aflicciones mentales. Debido a esto mi cuerpo se ha convertido en un cuerpo libre de elaboraciones”.

Entiendo que seguir el principio fundamental de la cocina Shōjin ryōri, que consiste en no hacer uso de productos de origen animal, no es una tarea sencilla en un comienzo. Nuestra mente buscará justificarlo de diversas maneras: “me gusta comer carne”, “no puedo dejar el queso”, “es difícil encontrar productos veganos”, “mi familia y amigos me van a criticar”, “no sé cocinar”, “no tengo tiempo para preparar mi propia comida”, etc. Pero cada vez somos más personas recorriendo este camino y demostrando que, sí, es posible. Para nosotros tampoco fue fácil, pero cuando hay determinación y el amor es la motivación principal, todos los obstáculos pueden ser superados. 
Monja Eken

Enlace de la pagina web a continuación:
COCINA SHOJIN RYORI
(La página esta en un hosting gratuito, puede que demore un poco para entrar)

Grandioso 2024

Es increíble todo lo que hemos construido y vivido este año en el templo Fudōji con la sangha, tanto nacional como internacional, particularmente por ser nosotros un espacio tan pequeño y que solo cuenta con el apoyo de nuestra sangha, como templo Shingon en Argentina hay muchas dificultades que se presentan y estamos logrando afrontarlas a todas con paciencia y esfuerzo. Siempre recuerdo las palabras de mi primer maestro Seishin aconsejándome cuando estaba por abrir el templo Fudōji: ‘Asho, si obras bien, nada ni nadie podrá derrumbarte.’ Creo que es una enseñanza simple y que la encontramos varias veces en los discursos del buddha, pero muy acertada, más cuando proviene de un maestro, ya que por su experiencia, sabía los retos a los cuales me iba a afrontar, y creo que gran parte de mi seguridad y valentía se la debo a esa enseñanza que él me transmitió.


El 2024 fue un año muy productivo en lo que respecta al desarrollo del templo, el material de estudio, traducciones de material de estudio y de Métodos de Practica, clases online, presenciales, entrega de abhishekas, ordenación y formación de los monjes y monja, clases del dharma como invitados en otros espacios amigos, etc.


Utilizando cada oportunidad de reunirnos en el templo para practicar juntos y hablar del dharma, creo que varios de nosotros hemos aprendido y nos hemos inspirado con las enseñanzas del buddha en alguna ocasión, al menos es lo que deseo y lo que intento.

Les deseo a todos que finalicen bien el año y que comiencen un gran 2025, tomemos este momento como una hermosa oportunidad para volver a comenzar todo lo que nos quedó pendiente, y agradecer todo lo que vivimos.
Como practicantes del dharma, recuerden, no hay aspiraciones que se cumplan, buenos deseos que lleguen, misiones que se concreten, ni nada por el estilo si no hay compromiso; comiencen el año con mucho valor, acción y diligencia para lograr todo lo que desean, y sin dudas si así lo hacen lo van a alcanzar.

Sobre el Habla Correcta (samyag-vāc)

En el Noble Camino Óctuple, el Buddha Shakyamuni explicó el Habla Correcta (samyag-vāc), ya que la palabra puede causar daño, así como también felicidad, a uno mismo o a los demás. Cuando nos referimos al habla, nos referimos a la comunicación no solo limitándonos a la palabra, esta puede ser también por ejemplo en la escritura, imágenes, etc. por lo que los comentarios en redes sociales, memes y demás, también se pueden considerar “habla”.
Para tener un Habla Correcta el buddha aconsejó abstenerse de estos cuatro tipos de conductas verbales destructivas:

  • Mentira (musāvāda),
  • Difamación (pisuṇa-vācā),
  • Lenguaje Ofensivo (pharusa-vācā)
  • Discurso ocioso (samphappalāpa)

Para sembrar una semilla, primero debemos quitar la ‘hierba mala’, por lo que se exponen las conductas negativas del habla con la intención de que las abandonemos y luego adoptemos el contrario, un habla correcta.
Permítame desarrollar brevemente cada una de estas a continuación,

Mentira (musāvāda):
Mentir intencionalmente o tergiversar la verdad para obtener beneficio o causar daño es una mala conducta del habla, no solo dañamos al otro, sino que también a uno mismo, las personas que mienten se vuelven desconfiadas al ver que sus mentiras pueden servirles en muchas situaciones.
Cuando comunicamos algo debemos asegurarnos de que lo que estamos diciendo sea verdad, de lo contrario podemos confundir a los demás y mentir aunque no intencionalmente.
Otra forma de mentira es la exageración, ya que no estamos comunicando lo que las cosas realmente son, cuando una persona exagera al hablar, del mismo modo las personas perderán confianza en su palabra, o puede que se decepcionen al comprobar que lo que le dijeron estaba lejos de lo que lo que realmente era.
Detrás de todas las acciones, la intención es lo que hace que la acción sea negativa o positiva, pero aunque nuestra intención sea positiva, es mejor evitar la mentira, tenga en cuenta que nosotros buscamos la verdad como medio para la liberación, aunque esta en ocasiones sea difícil de digerir.


Difamación (pisuṇa-vācā):
Hablar mal de los demás, intercambiar cuentos para generar conflictos, o discriminar, no son un habla que vaya a conducir a todos a la felicidad, en ocasiones detrás de este tipo de acciones se esconden sentimientos de odio, inferioridad, o manipulación.
En estos días, las redes sociales están llenas de personas que pasan su tiempo difamando y discriminando, muchas veces disfrazado en forma de humor o de justicia.
Es mejor que las palabras sean utilizadas para exaltar las buenas virtudes de las personas, les hace sentirse bien, y con el mismo efecto dominó que hace que todos insulten a alguien, hará que todos se motiven al ver el logro del otro.

Lenguaje Ofensivo (pharusa-vācā):
Hablar con doble sentido, la ironía, el insulto, la burla, el uso de malas palabras en el cotidiano, NO son humor son VIOLENCIA, esto incita al odio y debe ser evitado.
El ambiente que genera el habla cargado de palabras violentas o insultos aunque sean considerados bromas es totalmente distinto del ambiente en el cual se habla con respeto, cuando nuestro habla es amable y sencillo, las personas se sienten felices de escucharnos.
Como mencione anteriormente, con ‘Habla’ nos referimos a comunicación, por lo tanto hacer sonidos como por ejemplo bostezar en voz alta frente a quien nos está hablando, hacer gestos con el rostro, los ojos o las manos insinuando cosas, también es una mala conducta del habla.

Discurso Ocioso (samphappalāpa):
Hablar por hablar es una conducta muy nociva, enfrentar esto es realmente importante, cuando nos entretenemos en conversaciones sin valor o no vamos al punto y divagamos demasiado, no solo perdemos nuestro tiempo, sino que estamos haciendo al otro perder su tiempo.
En los espacios del dharma o templos, evitar el discurso ocioso es realmente importante, cuando los practicantes van al templo, lo hacen con la intención de llevarse un aprendizaje para la vida, algo que les brinde calma, si dentro del espacio del dharma las conversaciones son superficiales y triviales, estamos ocupando el precioso espacio y tiempo de todos para prestar atención a algo que no nos brindará nada.
En momentos donde no tenemos nada realmente importante para preguntar o decir, es mejor guardar el precioso silencio y aprender a valorarlo.
Exponer cualquier tipo de pensamiento que llegue a nuestra mente para entretenernos es una acción egoísta, ya que estamos colocando nuestros pensamientos intrusivos en la mente de otros, debemos cuidar del espacio ajeno y evitar esto.
Hace unos años vi en un cartel pintado en estilo ‘Fileteado Argentino’ La siguiente frase ‘Hablar con la cabeza vacía es de mala educación’, como metáfora de la frase común que nos enseñan de niños, ‘Hablar con la boca llena es de mala educación’.
También la televisión, en vivo o grabada como por ejemplo series o peliculas, los libros, podcast, etc. son información que se preparó para ser escuchada por otros, por lo que consumir esto puede ser considerado como discurso ocioso en caso de que busquemos escucharlo para entretenernos (escapar de nosotros), distinto es consumir un contenido de calidad que brinde paz y claridad a nuestra mente.
Cuando nos perdemos en escuchar o ver el discurso ocioso de esa manera, estamos privándonos a nosotros mismos de utilizar nuestro tiempo para algo que nos lleve a ser mejores.
En el budismo decimos, ‘no quejarse, resolver o aceptar’, muchas veces utilizamos las quejas para entablar una conversación, evitemos esta conducta.

Mientras corregimos nuestra mala conducta del habla, asegurémonos de generar un habla veraz, que invite a la unión, sencillo, amable, justo, honesto, que brinde sabiduría, coraje, apoyo y consuelo, entre otros.
Para cerrar este texto, nunca nos olvidemos de decir:
Buen día, disculpe, por favor y gracias.
Espero que al compartirle las palabras del buddha y explicarlas como puedo, le traiga muchos beneficios.

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