¿Visión Correcta o Visión Estrecha?

Hoy que la información circula a gran velocidad y en gran cantidad, comprobar la autenticidad de los textos budistas es todo un reto; sin embargo, no es lo más importante, a menos que usted esté haciendo una investigación antropológica sobre los textos reconociéndolos como artefactos culturales y no investigando su contenido.

No es nuestro objetivo como practicantes, investigar la antigüedad, origen, historia, etc. de los sutras, lo que es realmente importante es investigar a través de la experiencia la enseñanza que contienen; por lo que hay un aspecto al leer un texto, ya sea el buddhadharma o cualquier información que uno reciba, que es mucho más importante que su autenticidad: el discernimiento.

¿Cómo sabremos si lo que leemos es correcto si no lo analizamos y lo ponemos en práctica por nosotros mismos?
El Buddha motivó al practicante a tener discernimiento, evitar la fe ciega en él por respeto. Indica que si desean alcanzar la liberación, analicen sus palabras cuidadosamente y si tienen sentido entonces las sigan; creo que eso fomenta una relación saludable con un alumno, pero a su vez, nos permite “saborear la comida” en lugar de entregarnos una bola de comida masticada. Es en la experiencia del propio trabajo donde se encuentra la sabiduría, no en recibir una conclusión ajena y adoptarla como propia.

En Majjhima Nikaya [13/281/287] el Buddha le menciona a Magandiya (en palabras simples) que disfrutar de una conclusión ajena es similar a ser no vidente, tener confianza ciega y recibir un manto de parte de alguien que lo engaña y le dice que está nuevo y limpio; uno disfruta de ese manto y va por ahí diciendo con entusiasmo que posee un manto nuevo y limpio, sin saber que en verdad está sucio, y viejo.

Para ilustrar el peligro ante la falta de discernimiento:
Si un día se descubriera un Sutra nuevo donde el Buddha hubiera dicho: “Mátenlos a todos”, y el Mara hubiera dicho, “Tengan compasión por todos”. Será muy importante observar la veracidad del texto; pero aun así, el discernimiento seguirá siendo más importante; ya que aquellos con apego, que crean que ese Sutra es verdadero, cometerán errores en nombre del Buddha, y aquellos con capacidad de discernir, seguirán los consejos de ese supuesto Mara que dijo que tuviéramos compasión por todos, porque claramente ese es el consejo que nos llevaría a la liberación del sufrimiento.

Discernir según la RAE:
Discernimiento – Definición:
Acción y efecto de discernir.
Sinónimo: ver con claridad, lucidez, juicio, perspicacia, raciocinio, sensatez.
Antónimo: confusión.

En nuestro caso como practicantes del dharma, podemos decir que discernir es tener la capacidad de ver qué conduce a la liberación y qué conduce al apego y deseo y con ello al sufrimiento; esto es absolutamente importante, aquí podemos aplicar la famosa frase, usted es su propio maestro.

Podremos recibir muchas enseñanzas de monjes, libros o buddhas, pero si no somos capaces de observarlas y discernir por qué conducen o no a la liberación del sufrimiento y nos encaminamos a ello, probablemente vivamos engañándonos a nosotros mismos, evadiendo nuestra responsabilidad y esperando la respuesta perfecta de alguien que nunca llegará; en muchos casos porque no somos capaces de escucharla, o no queremos hacerlo.
Las respuestas muchas veces ya las tenemos, pero nos engañamos y seguimos buscando y preguntando, procrastinando, o peor aún, quizás encontremos a alguien predicando el error, conforme a nuestra falta de voluntad o valor y así tengamos cómo justificar nuestras faltas colocando la responsabilidad en otro.

¿Qué es más importante? ¿Tener el texto más antiguo en su lengua antigua sobre la Visión Correcta del Noble Camino Óctuplo, o tener la Visión Correcta (discernimiento/entendimiento/comprensión) para ver la Impermanencia, para ver las Cuatro Nobles Verdades, y para ver a través de los dogmas?
Si observamos y tomamos la información como un dogma o un artefacto cultural, jamás la podremos entender, tan solo la aceptaremos, por incapacidad de juzgarla o por miedo a hacerlo. Nos volveremos como loros que solo repiten palabras, o peor aún, cuando escuchemos a un loro en el parque repetir palabras, le discutiremos o le daremos la razón; lamentablemente gran parte de las sociedades se han convertido en esto, una guerra de opiniones con el apego y deseo como fundamento.

El martillo y los clavos de la amabilidad, la tolerancia, el respeto, la unión, etc. se exhiben y se veneran en una vitrina de madera que está pegada con chicle a la pared y que se está cayendo. Si estuviéramos discerniendo correctamente, la situación sería otra, no dudaríamos de utilizar el martillo para lo que fue hecho.

Hace un tiempo tuve una conversación con dos practicantes del dharma, donde les contaba que me encantaría ver que naturalmente los monjes y monjas en Argentina con el paso del tiempo comenzaran a utilizar la típica ropa económica de trabajo de Argentina (la que todos conocemos por la marca Pampero) y un kasaya para que reconozcan al monje para solicitar enseñanza y nada más; porque la renuncia a la ropa tiene que ver con el desapego y el no poseer lujos; no tiene que ver con la preservación de tradiciones, culturas e imagen, de hecho el hacer eso, solo crea un nuevo apego. Si el atuendo de los monjes se adaptó al llegar de India a China, Tíbet o Japón, ¿por qué no habría de adaptarse a Argentina? Lamentablemente muchas veces genera rechazo en las personas ver a un monje en occidente vestido como oriental, quizás por compasión deberíamos ayudarles vistiéndonos de la forma local para que no genere prejuicios y rechazo hacia el dharma.

Hace unos años, mi maestro me contó que al viajar al sudeste asiático para conocer a practicantes del linaje Vajradhatu (uno de los dos linajes contenidos en el Shingon), vio cómo ellos practicaban el Homa utilizando pantalón de jean y camisa y arriba el kasaya. Allí no había apegos, solo práctica.

Si decimos “el hábito no hace al monje” ¿por qué insistimos luego en que los monjes se vistan como un monje? Eso es apego al dharma como un dogma. El kasaya se creó para que las personas puedan reconocer al monje y solicitar enseñanza; el Buddha y sus discípulos han pasado tiempo sin utilizar las ropas que hoy se consideran “sagradas e indispensables para alcanzar la liberación”.

Todos estos ejemplos que estoy mencionando tratan sobre lo mismo, el discernimiento antes que la aceptación o el rechazo.

Si uno abraza al dharma de forma tensa y dogmática por respeto, en lugar de abrazar al dharma con una mente fresca, libre y cuestionadora, uno puede tener certeza de no estar practicando el dharma, solo está siguiendo órdenes; pero el buddhadharma no es una regla moral a la cual debemos obedecer, es un conjunto de enseñanzas que observándolas nos podrá llevar a un buen puerto. No se trata de reprimir el odio y ser una buena persona por orden del Buddha, se trata de ser una buena persona por haber entendido al Buddha y así haber abandonado el odio.

Volviendo a los textos, con la recitación ocurre algo similar; la recitación fue y es un método de memorización y a su vez de traer a ese momento la posibilidad de meditar en aquello que se recita; es bastante común en todo el mundo que se reciten sutras en lenguas que no se hablan, e incluso yo lo he hecho, hasta haber tenido la posibilidad de cuestionarlo, y luego de discutirlo, me aconsejaron que cantara y enseñara a recitar en español y no en japonés para el beneficio de los practicantes. Diciéndolo en palabras dulces, se recita en otra lengua por amor a la cultura y tradición; diciéndolo en palabras más concretas, se hace por apego.
El Buddha hizo hincapié en enseñar en la lengua local, claro… es que tiene bastante sentido ¿no cree usted? si no ¿cómo podrían entender lo que está diciendo? Del mismo modo, la práctica del bodhisattvasamānārthatā” ‘Trabajar juntos’ nos incentiva a colocarnos a la par del otro, y trabajando de igual a igual, hacemos que el otro pueda comprendernos mejor; no podemos pretender hablar como un científico entre niños o como un niño entre científicos. No solo se trata del lenguaje, sino de las formas y del contexto.

Cabe destacar que no podemos decir con total certeza que los sutras son las palabras exactas del Buddha o de lo ocurrido, ya que estas fueron transmitidas oralmente durante un largo tiempo hasta llevarse por escrito.
Lo importante es si esas palabras son relevantes para nosotros en el momento o lugar que estamos situados en nuestro camino de práctica. Tampoco es necesario que tomemos los textos de forma literal, ya que estos están decorados para embellecerse y exaltar lo grandioso que es el dharma, y lo que parecía bello hace 2000 años en India, puede ser considerado feo hoy en Argentina. También puede que usted encuentre que no se mencionan “el pomberito” o “el chupacabras” (seres malvados de leyendas urbanas argentinas) entre los Pretas. Esto se debe a que la enseñanza fue dada en India, probablemente se hubieran mencionado otros devas o pretas en caso de haberse predicado el dharma en Argentina hace 2600 años. No hay necesidad de adoptar creencias en dioses que son aspectos culturales donde el dharma se expresó, de hecho lo normal siempre ha sido que el budismo se sincretice adoptando creencias populares del lugar donde arribó y reinterpretándolas dentro de su cosmovisión, colocándose a la par del otro para servir en lugar de negar todo e imponerse.

Si por miedo a cuestionar aceptamos sin analizar y entender cualquier enseñanza, texto o sutra aunque provenga de la mismísima boca del Buddha, no solo seremos prisioneros de un dogma, sino que estaremos haciendo lo contrario a lo que el Buddha enseñó.

Para buscar la Visión Correcta, capaz de penetrar en la verdad de la Impermanencia, ante la información, no deberíamos precipitadamente aceptar sin entender, o criticar, juzgar y exponer rápidamente la opinión a la cual estamos apegados.

Deberíamos aprender a detenernos, escuchar y reflexionar, para así poder entender, comprender; hacer nuestras las enseñanzas; vivirlas y así saborear el fruto de sabiduría por el propio trabajo del discernimiento; y si no tienen sentido en este momento o las consideramos incorrectas, tan solo podemos no colocar nuestra atención allí, eso también es sabiduría, es una gestión correcta de nuestra atención, tiempo y esfuerzo.

En estos días de opiniones y juicios precipitados por ignorancia, apego o miedo, el discernimiento es oro.

¿Entendemos realmente las enseñanzas del Buddha o solo creemos entenderlas mientras seguimos estancados en la práctica?
Personalmente creo que es importante no aceptar ni siquiera las propias conclusiones como permanentes y atesorar la mente de principiante, fresca y libre, sin dogmatismos.

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