Humildad y agradecimiento para escuchar el Dharma

Se dice habitualmente que la conducta es la base de la práctica, mas hoy quisiéramos ir a algunos aspectos de esta afirmación y ser algo más específicos, en el intento de transmitir alguna herramienta para ello, no como conocimiento teórico, sino para experimentarlo en los hechos que, en definitiva, es lo que verdaderamente importa pues no practicamos para adquirir conocimiento, sino par intentar realizar una realidad inaprensible conceptualmente (destaquemos aquí, algo que consideramos de primera importancia y tal vez pueda pasar desapercibido en el inicio del Naya Sutra: cuando comienza a predicar el Buddha, luego de describir las circunstancias y la asamblea como es habitual, dice “esta fue la enseñanza para alcanzar el estado de que todos los dharmas son puros”; no enseña que los dharmas son puros, que sería una especulación filosófica, sino que brinda enseñanzas para un logro experiencial). Volviendo. Lo que queremos destacar es la importancia, en nuestra práctica, de actuar con humildad y agradecimiento. Humildad o modestia, gracias a la cual se construyen antídotos
que permiten disolver nuestras estructuras mentales egoístas, eliminando hábitos que las refuerzan. Agradecimiento con nuestros padres, por el nacimiento humano como el más propicio para nuestra práctica; con nuestros maestros, porque nos guían a través de ella. No sólo, también debemos estar agradecidos por la oportunidad en general de acceder a las
enseñanzas, porque esto evita el riesgo de desperdiciarlas y, asimismo, la particular de cada día en que nos sentamos a practicar, porque aliviana el esfuerzo.

Por qué esto es así.
Esto es así porque todos los dharmas (fenómenos) son originalmente no surgidos. Lo primero que aprendemos a este respecto, es que cada fenómeno carece de sustancia inherente o, lo que es igual, tienen a la vacuidad por naturaleza. La vacuidad, junto a la ausencia de características y a ausencia de objetivos, son las tres puertas de la liberación pues se enseña
que incluso la propia vacuidad, que libera del apego al mundo fenoménico, carece de características (o signos distintivos) para evitar a su vez apegarse a esa vacuidad y, finalmente, que no hay objetivo pues la discriminación sujeto/objeto se desvanece al faltar esos signos que los distingan.

Ahora bien, esta es una connotación negativa de la enseñanza de todos los dharmas son originalmente no surgidos y, como tal, creemos desde lo más profundo que, sin negar la ayuda que puede traer en nuestra comprensión, la misma debería asimilarse provisoriamente como paso necesario; sin embargo, no se puede dejar de advertir los riesgos de crear hábitos mentales insanos al acostumbrarnos a definir las cosas de manera negativa. Pero la maravillosa enseñanza del Buddha también tiene el antídoto para esto: todos los dharmas son originalmente no surgidos porque ellos manifiestan la Realidad
Auténtica, revelándola, por lo que comparten su naturaleza pura y luminosa, de la misma forma que una pequeña ola tiene la misma naturaleza húmeda y salada del océano entero; si esto no fuera así no podría revelarla y, sin embargo, lo hace porque la realidad es un todo indiferenciado, como se afirma en el Ratnagotravibhaga. Pura, porque se encuentra separada de toda conceptualización y, por ende, de discriminación; luminosa, porque está libre de los oscurecimientos de las aflicciones emocionales y el conocimiento erróneo (de la ignorancia). Esto, no es otra cosa que decir que todos los dharmas tienen la bodhicitta (innata) como naturaleza, o el germen de Buddha (Tathagatagarbha) o, directamente, naturaleza búdica. Si bien ora de manera negativa (como se dijo arriba), ora positiva (como se dijo recién), lleva a la conclusión que, en sentido último, todos los dharmas son iguales porque tienen la misma naturaleza originaria (lo veamos como vacuidad o la misma iluminación),
adoptar el segundo punto de vista permite valorar todo lo que nos rodea como la budeidad misma inclinándonos naturalmente a un trato respetuoso tanto respecto de las personas, animales y demás seres, como con el entorno en general, el planeta y el medio ambiente. Incluso más, desde el momento en que estamos en condiciones de afirmar que cada fenómeno revela esa Realidad Auténtica, se puede también decir que cada uno de ellos no es otra cosa que la Palabra de Buddha porque todos ellos están de manera constante predicando el dharma para todo aquél que quiera escucharlo y cada uno lo hará de acuerdo a sus inclinaciones y capacidades, recorriendo el camino utilizando cualquiera de estas puertas de ingreso como el medio hábil que en definitiva son.

De esta forma, no sólo las cosas no son de nuestro dominio para ser utilizadas como querramos, sino que entendemos que no tenemos ninguna diferencia sustancial con ellas que no sea otra cosa que el aspecto de la realidad que manifestamos, esta igualdad que lleva a la empatía y, así facilitando la puesta en el lugar del otro, se cultiva la benevolencia generando la paciencia que permite poder hacer lo necesario para eliminar el sufrimiento de manera espontánea, sin esfuerzo, esto es, la Gran Compasión.

Por lo tanto, la humildad puede ser nuestro acceso a realizar esta igualdad inherente a todo lo que existe y, con agradecimiento, no desaprovechar la oportunidad de escuchar las enseñanzas sobre el océano que nos deja cada ola. Parafraseando al Sutra Mahavairocana, quien tenga modestia no hará lo que no debe ser hecho y realizará lo que
aun no ha realizado. Si estos factores que estudiamos son una condición o una consecuencia de nuestra percepción respecto de que todos los dharmas son originariamente no surgidos, dependerá de nuestra predisposición en la práctica e incluso muchas veces los veamos de una forma y otras tantas a la inversa; el día que alcancemos el estado de que todos los dharmas
son puros, no habrá diferencia.

Escrito por Rev. Junzō, Marzo 2023.

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