Mi experiencia (monje Rinsei)

Lo siguiente es la primera charla que dio el monje Rinsei en el Templo Fudō-Ji luego de haber recibido su posición de ācārya (maestro), hablando desde su experiencia personal en su formación como monje:

Antes que todo, una aclaración. Siempre me he sentido incomodo hablando de mi experiencia como desde un sitial privilegiado, estoy recién dando mis primeros pasos en este camino y mis palabras no son necesariamente sabias o correctas asi que pido que las lean sólo como un relato sincero y saquen sus propias conclusiones.

Hace tiempo escuché cierta frase de un monje budista que no entendí bien en su momento y que hasta me causó molestia, la frase era más o menos asi: “no busques confirmación a tus ideas en la enseñanza del dharma, si algo te descoloca, no te hace sentido, entonces ponle algo de atención, ahí puede haber una clave, algo que no has visto; si algo de la práctica no se te hace facil, te mueve de tu zona cómoda, pon atención ahí puede haber alguna clave para avanzar” Y es que aquello que ya sabes tanto como la forma en la que ya actúas son factores que te han traido al momento actual, pero no te pueden llevar más allá.

El budismo esotérico es un desafío en sus formas, utiliza un lenguaje visual y sonoro que en un principio parece incomprensible, es casi como tener frente a uno mismo un gran y precioso libro en cuyas páginas se esconden las claves esenciales del universo… solo que está escrito en una lengua que no conoces. Algunas cosas de él se me hacían curiosamente familiares y otras a pesar del esfuerzo no lograba comprenderlas. Y es que el límite de la comprensión netamente intelectual de algo es muy estrecho y el budismo esotérico es esencialmente práctica, y no importa cuánto me lo hayan repetido mis maestros, es una frase que debiera llevar tatuada en el cuerpo, el objetivo es experimentar  la naturaleza real de los objetos, no acumularlos como tesoros del intelecto, el objetivo es hacer uso de los medios hábiles para alcanzar la budeidad, no venerarlos de forma ciega, el objetivo es liberarse del concepto del YO y no hacer de esta nueva imagen de monje o practicante del budismo mi “nueva personalidad” con la cual identificarme, eso solo sería como quien con el objetivo de ser más humilde deja de gastar grandes cantidades de dinero en comprar ropa nueva, sólo para gastar grandes cantidades de dinero en comprar ropa vieja y gastada.

            De forma ilusa yo partí estudiando el dharma pensando en que podía seguir siendo “yo”, digamos la persona de siempre, y a la vez aspirar a ser un bodhisattva, que el budismo de cierta forma era algo que podía agregarle a mi vida como quien agrega algo de experiencia a su hoja de vida. Pero pensar asi es ser como alguien que intenta tocar las estrellas sin despegar siquiera los pies del suelo.  Desde los primeros pasos, y al descubrir que no existe tal cosa como un “Yo” ya sientes que se agrietan todas las estructuras que te rodean y se comienza a redefinir como percibes la felicidad, el dolor, el éxito, el fracaso. En parte ese proceso te rompe, te deja como suspendido en el aire, como translucido y eso da mucho temor y toda tu existencia se rebela. El Yo se aferra fuerte como un náufrago a cualquier objeto tangible que pueda definir como propio y te engaña, tú mismo te engañas creas una trampa solo para caer en ella, para evitar a toda costa ser libre, “estabas bien como antes” “la vida no te iba tan mal” “quizas esto es mucho para ti” son pensamientos que llegan como gritos desesperados de algo que agoniza, pero se niega a cambiar. Entonces descubres el enorme miedo que le tienes a ser libre, libre de etiquetas, de apariencias, de conceptos absolutos… libre tambien de miedos, sobre todo eso.

            Pasé gran parte de mi vida pensando en que no podía practicar el budismo, o al menos hacerlo de una forma seria, por razones ajenas a mi voluntad, no vivía en un lugar adecuado, no tenía un trabajo adecuado, mi salud no era compatible, el barrio era muy ruidoso, etc. Y si bien gran parte de estas cosas pueden ser mejoradas y se ha de buscar mejorarlas en todo lo posible no son una razón ni mucho menos un impedimento para seguir el dharma, siempre hay una oportunidad y una forma para quien tiene una fuerte determinación. Porque aquello que buscamos no nos es extraño, no habita en lugar alguno lejano a nosotros, no es algo que adquirimos, si no algo que ya es parte de nuestra naturaleza incluso cuando las condiciones en las que vivimos son difíciles o dolorosas y no existe nadie que por su propia naturaleza sea más o menos indicado para alcanzar la budeidad, solo existe la fuerte determinación y la práctica constante que generan las causas y condiciones para lograr el objetivo.

            En una oportunidad un amigo me pregunto en relación a mi camino si valía la pena tanto esfuerzo, si mi vida había estado realmente tan llena de sufrimientos como para buscar una salida con tanto esmero, le respondí que en verdad era todo lo contrario fue justo en el momento más feliz de mi vida cuando tome la decisión al darme cuenta que ese momento feliz no podía ser retenido ni conservado y que incluso en ese momento tan luminoso vivía la semilla del sufrimiento más grande, el apego, mi apego desesperado a esa alegría eran tan grande como el rechazo y miedo que sentía de perder ese momento, lo que era inevitable. El punto de equilibrio, el camino medio no podía estar dictado por el devenir, por los acontecimientos “externos” necesariamente debía existir en mí. Ser renunciante no significa darle la espalda a la humanidad y solo concentrarse en uno mismo, ese no es el camino del Bodhisattva, ser renunciante es renunciar al apego y el rechazo, renunciar a buscar desesperadamente uno y renunciar también a huir despavoridamente del otro.

            No hay garantías en el Samsara, no conoces las causas y condiciones que te permitieron en esta vida a conocer el dharma y tener la oportunidad de aprenderlo y practicarlo, tampoco sabes si se repetirán o cuantas vidas necesitaras para que eso suceda. Tienes la hermosa oportunidad de estar en un claro con vistas al horizonte en medio de un ciclo interminable de tormentas y caminos sinuosos, no pierdas esa oportunidad, ten en cuenta lo que dice nuestro Vinaya sobre aquello que debe ser practicado “No desperdicies la vida ni por un solo día”.

Monje Rinsei

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