Abrir el corazón a la experiencia.

Los preceptos suelen separarse en tres partes, los que corresponden a la acción del cuerpo, la acción del habla y la acción de la mente (pensamiento).
Cuando hablamos del precepto “No tendré prejuicios” este corresponde al karma (acción) de la mente, al pensamiento. Ya que me lo solicitaron, desarrollaré un poco sobre este precepto.

El prejuicio es malo ya sea positivo o negativo, por ejemplo:
En el caso de ser negativo podríamos pensar, “creo que esa es una mala persona”, independientemente de que no hay malas personas, sino que hay personas que buscando su felicidad cometen errores debido a su falta de sabiduría y moral, lo cual lo lleva a cometer errores que dañan a otros y finalmente a si mismos, y también independientemente de que nunca tendremos como conocer lo suficientemente a alguien para hacer tal juicio; El realizar ese prejuicio sobre el otro creará una barrera entre ambos, generará discordia y tal acción de la mente al no estar basada en hechos, sino en el propio pensamiento especulativo, no será acertada. Tal acción como el prejuicio lleva a la ignorancia por aferrarse a la opinión infundada, lleva a tener un pensamiento estrecho, a la duda y finalmente al sufrimiento.


Por otra parte, si los prejuicios que hacemos son positivos, en otras palabras, colocamos nuestras elevadas expectativas sobre algo, nos decepcionaremos, ya que nunca se darán todas las cosas que deseamos y como las deseamos. De la misma forma, la expectativa que colocamos, por estar sustentada en nuestra especulación y no en el hecho, nos llevara a la ignorancia por aferrarse a la opinión infundada, a tener un pensamiento estrecho, a la duda y finalmente al sufrimiento por la decepción.

Cuando estamos meditando, tenemos la oportunidad de observar y entrenar nuestra mente y ver cuales son nuestros prejuicios sobre las cosas o sobre otros, para dejar de generarlos y poder comprender las cosas “tal cual son”. 

Desconstruir nuestras ideas equivocadas sobre lo que es algo o alguien. 

Así podremos darnos cuenta que nadie ni nada es lo que nosotros creemos, y que estuvimos todo ese tiempo rechazando o deseando a nuestra propia discriminación infundada que hicimos sobre ello y no a alguien o algo especificamente.


Lo que pensamos sobre las cosas o sobre las personas, hablan más de uno mismo que del otro.

Abandonemos los prejuicios y la actitud discriminativa.
por el contrario, abrámonos a la experiencia.
La duda y la especulación son una gran barrera para el despertar.

El amor y la paz se comprenden de manera intuitiva, el razonamiento lo obstruye.
no discriminar, no prejuzgar, abrir el corazón a la experiencia.

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