El Vinaya y la Confesión de Mitsugonin

Cuando practicamos la doctrina del buddha, tres pilares son esenciales: La conducta correcta (Śīla Pāramitā), la sabiduría (Prajñā Pāramitā, eliminar el apego a puntos de vista erróneos) y la meditación (Dhyāna Pāramitā, cultivación).

Para que podamos comprender su enseñanza, él utilizó sus palabras predicando la doctrina; Estas enseñanzas se conocen como el Tripitaka,(aunque hay más que las que entran en esta colección, esto es lo esencial). Tripitaka significa tres canastas, estas tres canastas están compuestas por: Sūtras (enseñanzas), Vinaya (reglas a seguir / preceptos), y los Shātras (comentarios sobre los anteriores).

En mi propia experiencia.. (nunca con la intención de “demostrar mi conocimiento”, que es muy poco, sino para compartir, mas que “repetir como un loro”, o hablar sobre lo que usted puede leer en un sūtra mejor explicado por el buddha) ..estudiando el vinaya de diferentes escuelas de forma teórica, note como esta canasta de enseñanzas o reglas suele ser “cubierta como con el pasto” o “escondida debajo de la alfombra” por todo tipo de practicantes, desde el laico hasta el monje, ya que la conducta es algo que nos cuesta mucho cambiar y muchas veces no queremos.

Siempre supe que el dharma es la medicina para el sufrimiento de la mente, y como toda medicina, es amarga. Si la medicina es dulce, tenga cuidado, puede que este siendo engañado o que se encuentre estancado. Pero cuando tomamos la medicina correcta, esta sí que nos trae madures, nos trae paz. Nunca debemos tomar la medicina «por obligación», sino con la motivación de curarnos para estar bien nosotros y así también hacer bien a otros.

En el linaje budista Shingon en Japón, el Vinaya completo no fue heredado, por lo que algunos pocos monjes siguen vinayas antiguos, crean los suyos para sus escuelas, o miran para otro lado, así “durmiendo en un cuarto sin expulsar a la serpiente que anda suelta”.

Esta falta de vergüenza y pereza ayudo a que muchos linajes (no solo el shingon) pierdan credibilidad, que algunos incluso se degeneren hasta la extinción y que muchos practicantes vaguen con una meta fija, pero sin tener herramientas adecuadas.

Durante una conversación con mi maestro, al percibir mi interés en el vinaya, mencionó la historia de su maestro. Su maestro siguió el Vinaya estrictamente hasta sus últimos días, por lo que su práctica era madura y muchos confiaban en él. Fue inspirador para mí saber que él adhería firmemente al vinaya e incluso hacía prácticas que yo estaba haciendo sin seguir el vinaya formalmente hasta el momento.

En esta conversación aprendi mucho más sobre el proceso de creación de los vinaya y su adaptación. Finalmente mi maestro me animó a crear un Vinaya para los monjes de la escuela Shingon en Argentina, por lo que me adentre en ello hasta completarlo, incluso pidiendo a practicantes laicos, monjes y no-practicantes su opinión para tener una vision muy amplia de lo que hoy se considera una conducta correcta desde muchas perspectivas.

Las bases de nuestro Vinaya son el Dharmaguptaka Vinaya y consta de 202 reglas, separadas en el mismo orden que el Dharmaguptaka Vinaya, con diferentes tipos de punición, que van desde la confesión hasta la expulsión de la comunidad monástica y la perdida de su estatus de monje o monja de por vida. Este vinaya conserva gran parte de las reglas del Dharmaguptaka Vinaya, pero a su vez se adapta a nuestros tiempos y cultura, y también tiene nuevas reglas que son necesarias en estos días.

Curiosamente unos días antes de tener esta conversación con mi maestro, yo había preparado un texto que expuse en el Vesak que hablaba de dedicarse con mucho esfuerzo y valor a la practica del dharma basados en diferentes Pāramitās.

Luego mi maestro me pregunto si había leído “La Confesión de Mitsugonin” escrito por el monje del linaje shingon, Kakuban 1095–1143. No sé si me lo pregunto porque creyó que me inspire en él, o porque le parecía muy similar, pero me dijo que el texto de Kakuban lo emocionaba profundamente y que debería leerlo.

Después de su mención, leí por primera vez La Confesión de Mitsugonin y sentí que lo mismo que le pasó a Kakuban era lo que me estaba pasando a mí en este momento, «mirar a mi alrededor» (todo lo que ocurre en el mundo) y ver que la práctica debería ser un poco mas estricta para que no se degenere y heche raíces solidas que le permitan crecer sin tambalearse. Ver la corrupción de templos y monjes fue lo que motivo a Kakuban a escribir ese texto, y lo mismo que me inspiro a crear y practicar el Vinaya, para nunca permitirme la conformidad en el samsara, ni entregar enseñanzas sin solidez a otros.

Estamos acostumbrados a ver cursos del dharma o a escuchar a maestros hablar horas y horas en cientos de videos sobre cosas que ya sabemos y luego no hacemos.

Por esa razón es que no doy cursos, y las enseñanzas que comparto son pocas. Porque si no ponemos el esfuerzo en practicar, da igual si conocemos 10 o 1000 preceptos. No importa cuantos sūtras o comentarios leamos si no los ponemos a prueba, si no los encarnamos en nuestra propia vida.

Cuando alguien hace el trabajo por nosotros y nos lee los sūtras y nos los explica, parece más sencillo de comprender, pero nos esta dando comida masticada; pero cuando alguien nos da la tarea de hacerlo y nos anima a ello, nos toca a nosotros masticar la comida, en ese momento entenderemos el sabor.

Por esto es que mi pobre forma de enseñar es motivar a las personas a practicar, a esforzarse con valor, y a brindarles las herramientas que me pidan.

Incitar a la virtud, más que exponer lo bonita que es dicha virtud con hermosas palabras.

Como el maestro de mi maestro hacía con los monjes de su escuela, los días 15, los monjes de nuestra escuela, recitamos el vinaya y confesamos nuestros errores, nos hacemos cargo como corresponde y nos comprometemos a practicar mejor.

Los invito a que reflexionemos juntos si estamos siguiendo los preceptos de la forma correcta o si evadimos la introspección o el esfuerzo, para permitirnos continuar jugando con fuego.

Somos herederos de nuestro karma, nadie podrá limpiarlo por nosotros, ni tampoco generarlo. Somos los creadores y dueños de nuestro estado. Vale la pena esforzarse un poco más. No hace falta explicar los resultados positivos que esto podría tener en nuestro entorno, ya que podremos entregar beneficios reales y duraderos, ANIMO, ANIMO, ANIMO!.

A continuación les dejo la traducción de la confesión de Mitsugonin por Kakuban:

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