Feliz 2026!

Feliz año para todos/as, que tengan un gran 2026.

Cada paso, cada dificultad, nos permite progresar y cada momento de alegría es un aliento para seguir hacia adelante.
2025 fue solo un paso más, lo mejor esta por venir! debemos estar presentes aprovechando cada momento porque todo lo que precisamos esta acá mismo en este mismo momento y así podremos compartirlo con los demás, como ustedes ya saben, sin distinción.
Un mundo de paz, ecuanimidad e igualdad es posible, y aunque tome toda la vida intentarlo, es un objetivo en la vida que vale la pena ser buscado.
«En este mundo el odio nunca ha disipado al odio. Solo el amor disipa al odio. Esta es la ley, ancestral e inagotable» Buddha

Mucha paz y amor en este 2026 para todos/as 🙏🏻🙇🏻‍♂️

Make Dharma Free Again

El buddha alcanzó el despertar hace 2600 años, y su enorme compasión lo llevo a compartir sus enseñanzas con todos para sus beneficios sin esperar nada a cambio.
¿En qué momento paso el dharma a tener un valor monetario?
¿En qué momento paso la enseñanza del buddha a pertenecer a “maestros/herederos/propietarios” que lo alquilan o venden?
¿Como es que se pasó de buscar compartir el dharma para el beneficio de todos los seres, a venderlo en cursos, a cambiarle algunas palabras y venderlos en libros o podcast?
¿Cómo es que pasamos de pertenecer a una sangha como un refugio, a tener que abonar una membresía para poder pertenecer a una?
Me avergüenzo y me arrepiento por cada uno de los que hacen esto, para que el karma no les pegue tan duro a ellos..

No creo tener respuestas a todo lo anterior..
pero creo que como practicantes Sudamericanos, debemos formar una base sólida libre de corrupciones, para que el dharma florezca en estas tierras sin ningún tipo de enfermedad que lo termine por deteriorar como ocurrió u ocurre en muchos países donde el budismo, de corazón y no como sustento, fue muy grande alguna vez.

Hoy es difícil para muchas personas acercarse a un templo, desconfían de muchos monjes, y no por ser desconfiados natos, sino porque se les dio una razón de serlo.
Personas que necesitan una ayuda del dharma, hoy prefieren no solicitarla por miedo a lo que puedan estar buscando a cambio, prefieren incluso preguntarle a chat GPT.
Por otra parte, alumnos que desean practicar el dharma, se ven incapacitados por no tener dinero suficiente.

Nuestra escuela tendrá errores o carencias como muchas otras, pero creemos que vale la pena avanzar con errores e ir mejorando a nunca hacerlo, o incluso peor, traicionando los principios del dharma y perteneciendo a una corriente corrompida por comodidad o por miedo.
Al intentar ser independientes y establecer el shingon de forma que sea coherente en Argentina, seguramente fallemos, pero seguiremos intentándolo.

Es una de las reglas de nuestra escuela, que los monjes no deben cobrar por dar enseñanzas de ningún tipo, ni siquiera para la formación monástica, ni para sus exámenes, ni abhisekas, etc.
En caso de recibir donativos de los practicantes, estos son para cubrir gastos comunes del templo, y está prohibido utilizarlo para uso personal. Tampoco se promueve la compra de materiales de lujo para el templo, basta con que cumplan con su fin.
Los monjes de nuestra Escuela Shingon Argentina, Cubren sus gastos de estudios y demás con su trabajo “mundano”, de hecho esto es algo muy interesante.
El monje en occidente tiene un gran trabajo por delante, porque nosotros utilizamos el dinero de nuestro trabajo “mundano” para poder cubrir gastos de estudios de alumnos que no tienen como hacerlo. ¿Es que no deberíamos practicar la generosidad de la que tanto hablamos? A veces me parece que muchos templos/monjes hablan de generosidad solo deseando despertar esto en sus seguidores, esperando así recibir algo de dinero. Desean demasiado la generosidad ajena, muchas veces situándose en un pedestal que genere dependencia en él de parte de sus alumnos. Una gran manipulación, invisible a los ojos de la persona con “buena fe” que pone su dinero creyéndose incapaz de cuestionar porque debe hacerlo.


En el pasado, el budismo al llegar a China, paso por una situación distinta a lo habitual en India, esta era que la gente se preguntaba ¿Por qué debería pagarle la comida, estadía y demás a quien desea dedicarse a la meditación y no quiere trabajar? Exactamente ese tipo de preguntas se siguen haciendo hoy, principalmente en países como Argentina, donde para muchas personas, es su difícil realidad la carencia de un plato de comida en su mesa cada día.
Nosotros creemos que el trabajo “mundano” del monje, es dharma, porque esto luego se transforma en su generosidad con los demás, y no esperan nada a cambio al compartir las enseñanzas del buddha.

Si realmente el dharma es tan bueno y necesario para todos los seres, entonces debemos regalarlo! Somos nosotros quienes debemos ser generosos, sin esperar nada a cambio. Esa es nuestra misión!

MAKE DHARMA FOR FREE AGAIN

Mi experiencia (monje Rinsei)

Lo siguiente es la primera charla que dio el monje Rinsei en el Templo Fudō-Ji luego de haber recibido su posición de ācārya (maestro), hablando desde su experiencia personal en su formación como monje:

Antes que todo, una aclaración. Siempre me he sentido incomodo hablando de mi experiencia como desde un sitial privilegiado, estoy recién dando mis primeros pasos en este camino y mis palabras no son necesariamente sabias o correctas asi que pido que las lean sólo como un relato sincero y saquen sus propias conclusiones.

Hace tiempo escuché cierta frase de un monje budista que no entendí bien en su momento y que hasta me causó molestia, la frase era más o menos asi: “no busques confirmación a tus ideas en la enseñanza del dharma, si algo te descoloca, no te hace sentido, entonces ponle algo de atención, ahí puede haber una clave, algo que no has visto; si algo de la práctica no se te hace facil, te mueve de tu zona cómoda, pon atención ahí puede haber alguna clave para avanzar” Y es que aquello que ya sabes tanto como la forma en la que ya actúas son factores que te han traido al momento actual, pero no te pueden llevar más allá.

El budismo esotérico es un desafío en sus formas, utiliza un lenguaje visual y sonoro que en un principio parece incomprensible, es casi como tener frente a uno mismo un gran y precioso libro en cuyas páginas se esconden las claves esenciales del universo… solo que está escrito en una lengua que no conoces. Algunas cosas de él se me hacían curiosamente familiares y otras a pesar del esfuerzo no lograba comprenderlas. Y es que el límite de la comprensión netamente intelectual de algo es muy estrecho y el budismo esotérico es esencialmente práctica, y no importa cuánto me lo hayan repetido mis maestros, es una frase que debiera llevar tatuada en el cuerpo, el objetivo es experimentar  la naturaleza real de los objetos, no acumularlos como tesoros del intelecto, el objetivo es hacer uso de los medios hábiles para alcanzar la budeidad, no venerarlos de forma ciega, el objetivo es liberarse del concepto del YO y no hacer de esta nueva imagen de monje o practicante del budismo mi “nueva personalidad” con la cual identificarme, eso solo sería como quien con el objetivo de ser más humilde deja de gastar grandes cantidades de dinero en comprar ropa nueva, sólo para gastar grandes cantidades de dinero en comprar ropa vieja y gastada.

            De forma ilusa yo partí estudiando el dharma pensando en que podía seguir siendo “yo”, digamos la persona de siempre, y a la vez aspirar a ser un bodhisattva, que el budismo de cierta forma era algo que podía agregarle a mi vida como quien agrega algo de experiencia a su hoja de vida. Pero pensar asi es ser como alguien que intenta tocar las estrellas sin despegar siquiera los pies del suelo.  Desde los primeros pasos, y al descubrir que no existe tal cosa como un “Yo” ya sientes que se agrietan todas las estructuras que te rodean y se comienza a redefinir como percibes la felicidad, el dolor, el éxito, el fracaso. En parte ese proceso te rompe, te deja como suspendido en el aire, como translucido y eso da mucho temor y toda tu existencia se rebela. El Yo se aferra fuerte como un náufrago a cualquier objeto tangible que pueda definir como propio y te engaña, tú mismo te engañas creas una trampa solo para caer en ella, para evitar a toda costa ser libre, “estabas bien como antes” “la vida no te iba tan mal” “quizas esto es mucho para ti” son pensamientos que llegan como gritos desesperados de algo que agoniza, pero se niega a cambiar. Entonces descubres el enorme miedo que le tienes a ser libre, libre de etiquetas, de apariencias, de conceptos absolutos… libre tambien de miedos, sobre todo eso.

            Pasé gran parte de mi vida pensando en que no podía practicar el budismo, o al menos hacerlo de una forma seria, por razones ajenas a mi voluntad, no vivía en un lugar adecuado, no tenía un trabajo adecuado, mi salud no era compatible, el barrio era muy ruidoso, etc. Y si bien gran parte de estas cosas pueden ser mejoradas y se ha de buscar mejorarlas en todo lo posible no son una razón ni mucho menos un impedimento para seguir el dharma, siempre hay una oportunidad y una forma para quien tiene una fuerte determinación. Porque aquello que buscamos no nos es extraño, no habita en lugar alguno lejano a nosotros, no es algo que adquirimos, si no algo que ya es parte de nuestra naturaleza incluso cuando las condiciones en las que vivimos son difíciles o dolorosas y no existe nadie que por su propia naturaleza sea más o menos indicado para alcanzar la budeidad, solo existe la fuerte determinación y la práctica constante que generan las causas y condiciones para lograr el objetivo.

            En una oportunidad un amigo me pregunto en relación a mi camino si valía la pena tanto esfuerzo, si mi vida había estado realmente tan llena de sufrimientos como para buscar una salida con tanto esmero, le respondí que en verdad era todo lo contrario fue justo en el momento más feliz de mi vida cuando tome la decisión al darme cuenta que ese momento feliz no podía ser retenido ni conservado y que incluso en ese momento tan luminoso vivía la semilla del sufrimiento más grande, el apego, mi apego desesperado a esa alegría eran tan grande como el rechazo y miedo que sentía de perder ese momento, lo que era inevitable. El punto de equilibrio, el camino medio no podía estar dictado por el devenir, por los acontecimientos “externos” necesariamente debía existir en mí. Ser renunciante no significa darle la espalda a la humanidad y solo concentrarse en uno mismo, ese no es el camino del Bodhisattva, ser renunciante es renunciar al apego y el rechazo, renunciar a buscar desesperadamente uno y renunciar también a huir despavoridamente del otro.

            No hay garantías en el Samsara, no conoces las causas y condiciones que te permitieron en esta vida a conocer el dharma y tener la oportunidad de aprenderlo y practicarlo, tampoco sabes si se repetirán o cuantas vidas necesitaras para que eso suceda. Tienes la hermosa oportunidad de estar en un claro con vistas al horizonte en medio de un ciclo interminable de tormentas y caminos sinuosos, no pierdas esa oportunidad, ten en cuenta lo que dice nuestro Vinaya sobre aquello que debe ser practicado “No desperdicies la vida ni por un solo día”.

Monje Rinsei

Un ācārya en Chile

El día 9 de noviembre 2025 se realizó el Abhisheka para la Transmisión del Dharma, Denpo-kanjo (伝法潅頂), para el monje Rinsei.
En esta ceremonia, se entregan las enseñanzas más profundas del budismo Esotérico Shingon, que son lo mismo que le fue entregado a Kukai en China, de parte de Hui-Guo (Keika), junto con la posición de ācārya o maestro.
El monje Rinsei es un médico que vive en Osorno, el sur de Chile, su país natal.
Él es un monje que lleva su práctica con un espíritu de introspección muy profundo, lo que lo vuelve una persona muy humilde y agradable al compartir; es difícil en estos días encontrar personas así, que prefieren guardar silencio antes que exponer conocimientos u opiniones para ganar algún tipo de reputación, o que prefieren no ocultar sus propias faltas y dificultades con tal de no «descuidar su orgullo».
Si a través de la práctica del dharma buscamos saber quién realmente somos, porque deberíamos ocultarnos bajo una «imagen espiritual»? Creo que el monje Rinsei tiene esto muy claro, siempre supo cual es el objetivo del dharma y no se desvía en aspectos como «tradiciones, reputación, debates, opiniones, curiosidades, juegos intelectuales, etc.», se dedica a su práctica y siempre menciona la importancia de practicar.
Sin dudas Rinsei es un gran discípulo y será un gran maestro cuando sea el momento de compartir el dharma hablando desde su experiencia sin rodeos ni decoraciones.

Rinsei se convirtió en el primer ācārya del budismo Shingon en Chile; le deseamos un buen regreso a Osorno y que logre plantar esta pequeña semillita del dharma para el beneficio de todos.

Rinsei es un maestro legítimo del Budismo esotérico Shingon, por lo tanto, está preparado y nos ayudará a compartir las enseñanzas a través de nuestra Sangha. Si usted es de Chile, seguramente intentaremos comunicarle con él para tomar clases.

No Son las Personas, Son sus Faltas

            Asistimos en la actualidad a un constante bombardeo de agresiones, reacciones, susceptibilidades heridas y un largo etcétera de emociones a flor de piel dispuestas a explotar ante la más mínima influencia que active nuestros exagerados sentimientos de amor propio generados por las falsas nociones de “Yo”, “Mío” y el orgullo. De esta forma, hasta pequeños intercambios de opiniones o punto de vista se perciben como afrentas personales que debido a ello pueden escalar a peleas, discursos violentos y aun a ataques físicos cuando no, en el caso de estados soberanos, directamente en guerras; sin embargo, el Buddha enseñaba el carácter ilusorio del yo y, por lo tanto, la separación con “el otro” cuyo necesario correlato es que mío, tuyo o el orgullo de sí mismo son conceptos que pierden el sentido. Luego, deja de tener sustento el carácter personal con el que muchas veces nos tomamos las cosas en nuestra vida cotidiana.

            No son las personas, son sus faltas. Expliquémonos.

            En una oportunidad, el Buddha se encontraba enseñando sobre los cuatro nutrientes (o alimentos; se llaman así a estas cuatro condiciones que sirven especialmente para la continuidad de la vida personal) para mantener a quienes ya existen o para asistir a quienes lo harán: la comida para el cuerpo físico y, para la mente, contacto como condición especial de las sensaciones, la volición para la conciencia y, a su turno, la conciencia para la individualidad (el nombre-forma).

            En eso le preguntan quién consume el nutriente “conciencia”, lo que se puede reformular en quién se alimenta de la conciencia; como respuesta, expresó que esa no es una pregunta válida, porque él no afirma que “alguien consume”, si afirmara tal cosa sí lo sería, pero que no lo hace, él no habla así; en cambio si le preguntaran ¿de qué es condición el nutriente conciencia?, esa sí sería una pregunta válida, cuya respuesta válida es “La conciencia es condición para la producción de una nueva existencia; cuando aquello que tiene que devenir existe, surgen los seis sentidos y con éstos como condición, el contacto”. 

            Entonces, su interlocutor le vuelve a preguntar quién hace contacto a lo que el Buddha, de manera similar, responde que no es una pregunta válida, que la pregunta válida sería ¿con qué como condición surge el contacto? cuya respuesta es que con los seis sentidos como condición surge el contacto y, con éste, la sensación. Este ciclo de preguntas y respuestas se produce con la sensación y con el deseo, pudiéndose sintetizar así: ¿quién siente?, yo no dije “alguien siente” sino que con el contacto como condición surge la sensación y con ésta el deseo; ¿quién desea?, yo no dije alguien desea sino que con la sensación como condición surge el deseo y, con éste como condición, surge el apego y así con los demás factores de la cadena de surgimiento dependiente (del apego, la existencia; de ésta, el nacimiento; de éste, la vejez y muerte, la pena, el dolor, lamentación, displacer, desesperación, tal es el origen de toda esta masa de sufrimiento). Esta es una extracción del Moliyaphaguna sutta, por el nombre de quien hacía las preguntas, que se encuentra en la Colección de Discursos Agrupados por Tema del canon pali (Saṃyutta Nikaya 12,12).

            Volviendo a nuestras reflexiones, e independientemente de la enseñanza sobre la cadena causal, lo que queremos destacar aquí es la lógica empleada por el Buddha al reflexionar en torno a la realidad fenomenológica: dado esto, surge aquello y no, como habitualmente lo hacemos, alguien me hizo tal o cual cosa, me ocurrió tal o cual otra. Habituar la mente a este tipo de análisis posee un gran efecto terapéutico en el sentido que brinda sosiego y aplomo al bloquear el carácter personal con que vivimos; es una despersonalización de las circunstancias mediante la cual podemos observarlas con cierta distancia en lugar de tomarnos “todo tan a pecho” como se suele decir.       

No es un ejercicio libre de esfuerzo, pero de gran beneficio, pues hará que las relaciones entre los diversos seres sean más pacíficas, armoniosas y agradables; de la misma forma en que aceptamos que de día brilla el sol y de noche la luna, lo haremos con nuestras relaciones interpersonales cuando comencemos a preguntarnos, cuáles son las condiciones de las acciones físicas, verbales o mentales de alguien: en lugar de “tal me gritó”, poder ver que ello no es más que un efecto de la ignorancia, que le produce inseguridad y que ésta lleva a elevar la voz como forma de validarse; en lugar de “tal es violento”, dada la ignorancia (específicamente, en el caso, de la existencia interdependiente en todos los seres), surge la diferencia, dado ésta surge la aversión, con esta el odio que puede desencadenar en actos violentos.

            Porque el Bodhisattva sabe que nos son las personas, sino sus faltas, es que no se desalienta frente a la ingratitud: sabiendo que ellos están siempre gobernados por sus falencias, el sabio no encuentra falencia alguna en los seres, sino que piensa “su conducta inapropiada ocurre contra su voluntad”, con este pensamiento aumenta su compasión por los seres. Así lo afirmó Maitreya, el Buddha por venir, en el Mahāyānasūtrālaṃkara (El Ornamento de los Sūtras del Gran Vehículo), uno de sus textos que dictara a su devoto Asaṅga.

            Instamos a todos quienes se preocupan por un mundo mejor, a realizar este ejercicio y, antes de reaccionar ante cualquier estímulo, intentar percibir que el mismo no es más que un efecto producto de una causa, de la misma forma que un objeto se cae por la ley de gravedad.

            Deseamos que así todos puedan lograr paz interior y, de esta forma, el mundo sea algo más pacífico.

Monje Junzō

El Método de Visualización de las Cuatro Mentes Inconmensurables

Hemos agregado esta práctica a las actividades regulares del templo,
Las cuatro mentes (o pensamientos) inconmensurables son:
Benevolencia, Compasión, Dicha y Ecuanimidad. 
Se llaman «inconmensurables» porque se extienden a todos los seres sin discriminación, con el objetivo de cultivar estas virtudes hacia uno mismo y hacia los demás. 

Esta es una clase que no requiere conocimientos previos, por favor infórmenos cuando desee recibirla.

Breve Información sobre Nuestras Redes Sociales

Queridos practicantes, espero que se encuentren muy bien,
quiero contarles que nuestra cuenta de Instagram continuará casi inactiva, pero seguiremos como siempre con este blog. Afortunadamente las actividades en el templo continúan como siempre, y estamos intentando enfocarnos en ello más que en las redes sociales. En internet hay mucho para leer sobre el dharma y no creo que yo tenga tanto para aportar, pero es en la práctica donde el dharma toma sentido, por favor permítanme motivarlos con las siguientes palabras: no se pierdan en la lectura y salgan a la calle, practiquen en su templo cercano junto con su sangha con frecuencia, involúcrense y vivan el dharma. El mundo y ustedes no necesitan más conocimientos, necesitamos más sabiduría, y la sabiduría es lo que aumenta cuando el corazón toma acción.

Asho

Abhiṣeka para una Conexión Kármica  en el Mandala Vajradhatu

En este ritual, el practicante lanza una flor y crea una conexión con el buddha o bodhisattva donde la flor cayo.
Según el Mahavairocana sūtra, alcanzar el bodhi es conocer nuestra mente como realmente es. El mandala representa nuestra mente, y cada arquetipo sus diferentes virtudes. 

Como una puerta de entrada a la práctica para conocer nuestra mente, es el buddha o bodhisattva donde cayo la flor. El practicante cultivará las virtudes realizando los yogas de ese arquetipo especifico formando su mudra, recitando su shingon y colocando su mente en la sabiduría que representa. también entregará ofrendas imaginarias y materiales como una vela cada mes en el templo; esta es una forma de cuidar de la propia mente.

Miembros de nuestra sangha que recibieron abhiseka para la conexión Kármica en el mandala Garbhakosa el año pasado, luego de un año de práctica, recibieron el 20 de julio una conexión Kármica en el Mandala Vajradhatu, con Arquetipos como Jñānaketu bodhisattva, Vajra pāramitā y Ratnasambhava buddha.
Por lo que, a partir de ese día, harán sus prácticas en esos arquetipos durante un año con diligencia.

Agradezco enormemente a mi maestro por haberme enseñado los Rituales de Abhisekas para la conexión Kármica en ambos mandalas; compartir fue su misión y es la mía también.
Alejado de los debates y la comercialización de las enseñanzas.
Practicar y compartir, en mi humilde opinión, eso es todo.

Asho

El agua derramada no puede volver a levantarse

Existe un antiguo proverbio chino que dice “el agua derramada no puede volver a levantarse”, el mismo tiene un sentido bastante similar a lo que muchas veces aquí decimos como lo hecho, hecho está; de esta forma se sintetiza que las consecuencias de nuestros actos no pueden deshacerse, aunque ciertamente muchas veces así lo queramos,  como si nada hubiera sucedido.

            Como humanos que somos, muchas veces, en nuestro relacionarnos con otro, y podríamos decir que en cualquier tipo de acción también, cometemos errores que puede causar sufrimiento o dolor a los demás, lo cuales, por definición -si no, no serían errores- carecen de la intención de dañar, sin embargo, inexorablemente producen ese efecto aun cuando tengamos el coraje y la humildad de pedir disculpas.

            Ante esa realidad, podemos sentir culpa, sentimiento que el Buddha enseñaba que era completamente inútil por contraposición al arrepentimiento, que implica el reconocimiento de nuestro mal obrar y el compromiso a intentar no volver a hacerlo. Tan es esto así que, valga la digresión, si pedimos perdón por culpa (que no es más que vana lamentación o la autocomplacencia en el dolor propio), la conducta estaría contaminada por el ego dado que la verdadera motivación detrás de ella no sería aliviar a la “víctima” sino a uno mismo; a la inversa, cuando el arrepentimiento es genuino, la intención es la de hacer saber al otro que uno ha reconocido que obró mal y que se esforzará en no hacerlo más, o sea, se disculpa con generosidad, para beneficio del otro y no del propio.

            Entonces, retomando el hilo de las reflexiones, si nuestra conducta impacta en otros de esa forma, donde un sincero perdón podrá en el mejor de los casos aliviar o amortiguar ese impacto pero nunca eliminarlo, deberíamos practicar no tanto el hábito de disculparnos sino el de evitar dañar.

            Claro que en nuestra falta de sabiduría esto es verdaderamente difícil y falible, pero tal vez sea por ello que valga la pena más que nunca intentarlo, por el bien de los demás, el cual correlativamente será el nuestro al mejorar nuestro mundo alrededor.

            Ocurre que nuestra conducta, mientras no nos liberemos mediante la culminación del camino de los buddhas, se encuentra condicionada por las kleśas: esta es una palabra sánscrita que se puede traducir, entre otros términos afines, tanto como contaminaciones como aflicciones, en el sentido de que es todo nuestro bagaje mental, todos nuestros hábitos, que oscurecen (y oscurecimiento es otra traducción posible) la sabiduría inherente que todos poseemos; así, en lugar de ver las cosas como son, las percibimos e interactuamos con ellas de manera distorsionada por esas contaminaciones y es por esto que, aun sin intención, muchas veces somos agentes del sufrimiento ajeno pero también del propio.

            ¿Cómo surgen estas contaminaciones (que polucionan nuestra sabiduría innata)? Lo hacen bajo tres factores: cuando la tendencia latente de determinada aflicción no está destruida, cuando aparece un objeto favorable a su surgimiento y, ante esa situación, la falta de una profunda atención (conf. Asaṅga, Abhidharmasamuccaya, II.1 sección segunda).

            Ahora bien, si la segunda escapa a nuestro control y la primera es propia de avanzados grados de práctica, lo cierto es que la tercera, la atención plena a nuestra conducta del cuerpo, habla y mente, es la herramienta que impedirá que, aun frente a objetos que agiten nuestras tendencias latentes (las impresiones que todas nuestras experiencias pasadas van dejando acumuladas en la mente), no se exteriorice ninguna conducta que aun sin quererlo dañe a otro; para dar un ejemplo que no por lo banal deja de ser gráfico: una persona golosa ante la presencia de comida deseable, se abalanza sobre la misma de manera voraz; una vez ocurrido esto, podrá disculparse, pero ya no habrá más comida porque, parafraseando el proverbio del título “la comida que se come no puede ponerse nuevamente en el plato”.

            Si hubiera estado atento, se hubiera percatado que en él surgía el deseo por esa comida y que si se abalanzaba sobre ella hubiera avergonzado a sí mismo y sus acompañantes, o hubiera dejado sin comer a otros, etc. Incluso la práctica llevará a que, también gracias a la atención, esa agitación sea apaciguada rápidamente. Ella será la valla, el muro que se interpondrá entre el impulso producto de los dos primeros factores y la acción, primero la del cuerpo o la palabra (o sea, hacia afuera) y con el tiempo incluso la del pensamiento.

            Por lo tanto, mientras no eliminemos las tendencias latentes de las aflicciones donde el estímulo del mundo objetivo caerá en saco roto, evitar el error en nuestra conducta impone tener firme la rienda de la atención para guiar el caballo desbocado de nuestra mente. Si bien cuando falle esto será un aliciente disculparse con quien sea que hayamos ofendido, y aliviará indudablemente la falta, pero las impresiones de ellas no se borran.

            Como enseñaba Śakyamuni, “no veo una sola cosa que, cuando no está desarrollada y cultivada, trae tanto sufrimiento como la mente. Una mente sin desarrollar y sin cultivar, trae sufrimiento” (Anguttara Nikaya, 1.29).

            Por lo tanto, mejor a disculparse es estar atento.

Monje Junzō

Reflexión del ācārya Kukai

El 15 de Junio se conmemora el nacimiento del monje Kukai, quien lleva las enseñanzas Shingon a Japón. Este día es simbólico ya que es el día en el que muere su maestro Huiguo.
Para la conmemoración que hicimos en el Templo Fudō-Ji, traduje esta breve reflexión del maestro Kukai para compartirlo con los practicantes.

<< Desde un pasado desvaneciente, remoto e inmemorial,
los textos se transmiten en mil y diez mil tomos,
aclarando enseñanzas budistas y no budistas.
Confusas, oscuras e indistintas
son cientos de opiniones y teorías,
cada una afirmando ser el camino final.

Copiando y recitando hasta la muerte,
Como puede uno penetrar en la fuente última?

No lo se, pero reflexiono.
El buddha, yo creo, no se preocupaba por esto.
El se apiadó de las mentes enfermas
y les enseñó a tomar hierbas medicinales como lo hacía Shen Nung.
Por compasión, mostró la dirección a los perdidos,
como lo hizo el duque de Chou al hacer el Carro con Compás.

Pero los hombres dementes no perciben su locura;
Los ciegos desconocen la ceguera.
Nacidos, renacidos y aún renaciendo,
de donde han venido no lo saben.
Muriendo, muriendo y muriendo una vez más,
a donde van al final no lo saben. >>

No queda mucho por explicar, creo que el maestro Kukai fue muy claro, el buddha nos indicó el camino a los extraviados y nos proporcionó enseñanzas como un sabio que habiendo experimentado todas las hierbas, nos da las necesarias para curarnos.
No creo que el buddha haya hecho todo esto para que los practicantes budistas se sumerjan en debates y en discusiones interminables, así como tampoco se dedicaran a la preservación intacta de la medicina que él proporciono; y NI HABLAR de presumir, ser tacaño o comerciar con esto.


No discutir sobre los caminos, caminar.
No preservar la medicina, tomarla.
.., y compartirla.

Monje Asho

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