Esto parece ser una gran preocupación en estos días para muchos, por lo que compartiré algunas enseñanzas que pueden ser útiles.
La mente parece tener un gran espacio para realizar y acumular diversos pensamientos de varios temas, por lo que es fácil distraerse y perder la atención plena, en otras palabras, la capacidad de estar conscientes de lo que ocurre en este mismo momento.
Cuando la mente esta muy cargada de pensamientos y no hay atención plena se dan las condiciones perfectas para que la rumiación aparezca, para colocarlo en otras palabras, para que la ansiedad y la preocupación aparezcan. Este estado de rumiación constante se alimenta de si mismo y se vuelve un hábito difícil de percibir y salir de el.
La rumiación mental es aquel estado de la mente en el cual estamos constantemente generando pensamientos de lamento o preocupación sobre el pasado tanto como Pensamientos de lamento o preocupación sobre lo que podría pasar en el futuro, y estos generan cada vez mas duda, miedo, inseguridad, cobardía, apatía, etc. lo que produce un gran sufrimiento.
A continuación compartiré dos formas de abordar esto desde el budismo, ambas son útiles y pueden hacerse al mismo tiempo, pero probablemente debido a las preferencias de cada uno, usted decida cual prefiere practicar:
Cultivar la virtud:
Esto significa colocar pensamientos en nuestra mente contrarios a los que nos hacen daño, la “medicina” adecuada para cada sufrimiento.
Si tenemos pensamientos pesimistas, debemos generar pensamientos optimistas, si tenemos pensamientos de rencor, generemos pensamientos de perdón, si tenemos miedo y duda, generemos pensamientos de valor, coraje y tomemos acción.
Si observamos la mente como un deposito de semillas, siendo cada semilla un pensamiento, mientras mas pensamientos positivos tengamos, menos se percibirán los pensamientos negativos.
En la escuela Shingon, utilizamos mantras para cultivar diferentes virtudes, pero los mantras son apenas un punto de foco, usted también puede hacerlo sin mantras, tan solo observe la virtud que desea cultivar, imítela, familiarícese con ella hasta que se vuelva natural en su forma de actuar. Como aquel que desea aprender a tocar la guitarra, primero imita a su guitarrista favorito, luego perfecciona la canción y finalmente la toca naturalmente. La mente puede ser entrenada del mismo modo que entrenamos otras habilidades.
El propósito de cultivar virtudes para hacer frente a los pensamientos no deseados es opacarlos con el brillo de la virtud que nos trae paz como resultado.
Una gota de tinta negra tiñe un vaso de agua, pero es imperceptible en una piscina. La tinta negra es como el pensamiento negativo, el agua el pensamiento positivo, mientras mas agua coloquemos, menos se percibe la tinta, hasta que finalmente se vuelve imperceptible.
Cultivar la sabiduría:
Si para usted es difícil tener la diligencia necesaria para entrenar la mente a través de cultivar las virtudes, entonces puede intentar cultivar la sabiduría a través de observar la naturaleza de los fenómenos.
Quizás esta sea una manera un poco mas compleja, pero si se logra comprender, es una manera muy efectiva y rápida de terminar con el sufrimiento de la rumiación mental.
Como mencione anteriormente, cultivar la sabiduría, o meditar en la sabiduría, es algo que hacemos para observar la naturaleza real de los fenómenos y extinguir nuestra ignorancia y lo hacemos, en primera instancia, acertándonos a la verdad a través de la filosofía budista, los sutras y sus explicaciones.
Como surgen los pensamientos?
Desde que nacemos, nuestras experiencias de vida generan procesos mentales que catalogamos como positivos o negativos a través de nombre y forma. Todos estos pensamientos nos ayudan a lidiar con la vida, pero luego nos limitan. Debido a nuestro apego por nuestras experiencias pasadas o lo que escuchamos de otros, creamos una visión de la vida, pero se debe comprender que no observamos la totalidad, sino una sola parte de la realidad, por lo tanto nuestro apego por la opinión es en vano.
Con el nacimiento se da el organismo psicofísico que podemos llamar forma, luego el contacto de la forma genera sensación, la cual percibimos de forma positiva o negativa y luego desarrollamos deseos y rechazos. Deseo por lo que creemos bueno y rechazo por lo que creemos malo.
Todas esas experiencias, memorias y pensamientos son depositados en nuestra mente y contaminan nuestra visión de la realidad, tornándola estrecha, ya que apenas ve su punto de vista de la realidad y no la totalidad.
Si pensáramos tan solo en una cosa, quizás esto no sería un problema difícil. Pero cuantos pensamientos de diversos temas generamos y acumulamos a diario? Siempre digo, debemos ser “minimalistas mentales” para cuidar de nuestra mente, en otras palabras no acumular información innecesaria, la cual se puede transformar en preocupaciones que no nos llevarán a ninguna parte.
Permítame compartir una solución rápida frente a la gran ola de pensamientos que producen sufrimiento.
Cuando usted se lamente o preocupe por algo, tan solo observe a su preocupación e intente descubrir lo siguiente:
Esta preocupación que siento, es solo el resultado de mis pensamientos, no tiene una naturaleza real y es una manifestación de mi ignorancia, abandonando mi aferramiento por estas palabras que tienen la ignorancia como su fundamento, puedo darme cuenta de que no hay nada para lamentarse ni preocuparse. Debido a mis experiencias pasadas, mi mente genero estos pensamientos y se aferro a ellos por el intento de tomar el control, debo observar que no hay sufrimiento ni felicidad fuera de mi mente, soy quien me limita y quien me libera de mi necedad, la naturaleza de estos pensamientos negativos es vacía y el apego por un punto de vista ignorante y estrecho es el combustible que le permite manifestarse.
Si usted leyó hasta acá, probablemente le interesa este tema, permítame hacerle estas preguntas para incitarlos a la virtud:
Cuanta paz le esta costando la pereza?
Cuanta libertad le esta costando la apatía?
Cuanta verdad le esta costando la negación?
Este es el mejor momento de abandonar el juicio que nace del aferramiento a las palabras vacías.
Hagamos silencio y meditemos juntos.
Asho